La nueva Genoveva brilla por sí misma

Sólo tiene de Casanova el apellido. Acercarse a ella es descubrir una magnética belleza y una reservada discreción. Genoveva es la mujer de enigmas insondables, cuya aura de misterio se acentúa con su mutismo. Fiel a su línea, no ha desnudado su alma, no ha confesado sus anhelos, no ha desvelado el secreto de su situación, convertida en la pareja del conde de Salvatierra.

La respuesta: Genoveva ha hecho suyo el lema de "todo por amor". Cueste lo que cueste, y al precio que sea. Y el suyo ha sido muy alto. Dejó su país, su familia, sus amigos, su carrera y en definitiva su vida en su México natal por el sueño de formar su propia familia. Un sueño que comenzó hace ya cinco años. Desde entonces, permaneció en un discreto segundo plano, siguiendo sin objeciones los pasos que marcaba Cayetano Martínez de Irujo: vivir en el Palacio de Liria con la Duquesa de Alba, estar a su lado en cada uno de las competiciones hípicas en las que participa, aparcar sus inquietudes profesionales por cuidar de su familia...

La nueva Genoveva
Pero algo ha cambiado en Genoveva: aparece más atractiva, más atrevida, más resuelta, más independiente, más sexy... Es quizá la nueva Genoveva, que deja la sombra para acaparar el primer plano. Ultimando por fin las obras de su nueva casa en la madrileña urbanización de Somosaguas y pronto convertida en condesa de Salvatierra, Genoveva aparece con personalidad propia y mucho más enfocada en esta relación. Recientemente, acudió con su "cuñada" a la fiesta de Tous, donde además apareció con un look más desenfadado y personal. En resumen, impresionante. Fiel a su estilo personal, se la ve más sofisticada. Y, si antes irradiaba inseguridad y quizá unida a un aura con notas de melancolía, la nueva Genoveva se torna más segura, más abierta y con un aplomo hasta ahora desconocido.

Una más de la familia Alba
No estará casada con Cayetano, pero es una más de la familia Alba, y así está considerada. Genoveva ha sabido ganarse el cariño y el respeto de la duquesa de Alba, quien la adora a ella y a sus hijos, los mellizos Luis y Amina. Su presencia es invariable en cada uno de los acontecimientos familiares. La bella joven aúna la imagen de madre solícita, con la de mujer enamorada. Acompaña a Cayetano en cada uno de sus concursos hípicos, sin que nunca falte su ánimo y apoyo en cada una de sus intervenciones, convirtiéndose en el puntal de la relación. Ni los rumores (absurdos y malintencionados) que surgen cíclicamente sobre nuevos y supuestos amoríos o eventuales crisis hacen mella en su determinación de luchar por su familia. Los afronta con resignación: sabe que siempre estarán ahí.

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