La presión mediática ha empezado a hacer mella en David Beckham. Sus fans, acostumbrados a las muestras de buen carácter, simpatía y paciencia del futbolista, han quedado un poco impresionados ante su última reacción en Manchester, cuando un grupo de más de 100 admiradores le esperaban para pedirle autógrafos y hacerle fotos y lo que recibieron fueron gritos y peticiones exaltadas de que por favor le dejaran en paz.

El capitán de la selección inglesa -que se encuentra en Manchester preparando un partido contra Irlanda del Norte- acudió a realizar unas compras a un céntrico establecimiento de una conocida marca a la que él mismo representa. Una vez allí, cerraron las puertas al público durante 45 minutos, en la hora de la comida, para que pudiera disfrutar de privacidad. Pero su peculiar todoterreno personalizado -con su número, el 7, en las ruedas- llamó la atención de la gente, que en seguida reconoció el automóvil y se fue concentrando a la salida para esperarle.

Cuando Beckham se dispuso a abandonar el establecimiento se encontró a una multitud en la puerta principal, cámara en mano, lo que causó que perdiera la paciencia y muy enfadado les gritara que no le hicieran fotos. Después buscó una salida trasera y huyó en su todoterreno. Las explicaciones a este comportamiento, que dejó asombrados a sus fans, las dio al día siguiente en una rueda de prensa en la que se quejó del acoso al que los paparazzi españoles someten a sus hijos, Brooklyn, de seis años, y Romeo de dos.

Según el futbolista del Real Madrid, los periodistas están arruinando su vida con esta continua persecución en la que se ven envueltos sus hijos de camino al colegio y a la guardería. Hasta tal punto es así, que llegó a manifestar que no sabe qué hacer y que empieza a plantearse si continuar viviendo en Madrid, porque, aseguró, asume que le sigan a él o a su mujer, Victoria Adams, en el momento en el pone un pie en la calle, pero le resulta "intolerable" que persigan a sus hijos, a quienes esto "les asusta y les ha marcado".

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