Víctor Janeiro: 'Ya no soy sólo el hermano de Jesús'

—Pero tú eres torero.
—Sí, pero mis condiciones siempre eran inferiores. Yo me jugaba la vida exactamente igual, pero después de treinta o cuarenta festejos mi hermano ganaba un dineral y yo muy poquito.
—Ahora lo tienes todo: dinero, casa, novia, trabajo…
—Esto me abre tantas puertas… Ahora puedo pensar en casarme y tener un niño.
—¿Y te apetece?
—Sí, pero aún tengo veinticinco años. También me apetece esta temporda y la que viene abrirme las puertas en mi profesión.
—Entonces, no hay planes de boda a corto plazo.
—Las cosas pueden cambiar de buenas a primeras, pero en principio, no. Lo importante para mí es que yo ya puedo pensar en casarme y antes no.
—Tres meses desconectado del mundo, llegas a casa y… ¿con qué te encuentras?
—Pues con un desbarajuste. Mi madre ha estado mala, ingresada con una anemia; mi hermana también ha estado ingresada a cuenta del programa, de verme allí, y veo que también han sufrido una barbaridad.
—Además, lo del robo en «Ambiciones».
—El susto que le han pegado a mi madre no se lo quita del cuerpo, y gracias a Dios que no ha pasado nada más.
—Dicen que podía ser alguien conocido.
—Es un tema que está llevando la Policía. Pero yo me pregunto, ¿quién ha podido ser? Tuvo que estudiar tantas cosas…
—¿Es muy raro?
—Me mosquea, pero yo sabía que tarde o temprano algo de esto iba a suceder. Me hubiera gustado mucho estar aquí. Si estoy aquí, esto no pasa, te lo aseguro. Ya me encargo yo.
—Y con todo, el enfrentamiento María José Campanario y Belén Esteban se encuentra en el momento más álgido.
—La vida de mis cuñadas es suya, yo jamás me meteré ni opinaré. Es una batalla que está ahí, pero prefiero ni enterarme de esas cosas.
—Pero María José Campanario te ha estado apoyando mucho.
—Sí, mi familia ha estado toda apoyándome. Mi sobrinita Julia, cuando me mandó el vídeo… yo me moría. Fue increíble.
—Y Belén Esteban, ¿te ha llamado?
—No, pero me hubiera gustado saber algo de Andreílla.
—¿Cómo te encuentras físicamente?
—No demasiado bien. Tengo un dolor muy extraño en el estómago, y me dicen que desprendo un olor muy raro. El otro día, entrenando, me puse a sangrar por la nariz. Me voy a hacer un chequeo, porque de todos los bichos raros que me han mordido y de todas las porquerías que he tenido que comer igual tengo una infección rara por dentro.
—Con lo débil que estás, vas y lo primero que haces es ponerte delante de un toro.
—Pensaba que no iba a poder ni con la espada.
—¿Y no tenías miedo?
—Sí, siempre se tiene miedo, pero pensé «tengo que aparecer, aunque sea como el espíritu de la golosina, no puedo decepcionar a los que me están apoyando».
—De triunfo en triunfo, porque lograste dos orejas y un rabo.
—Sí, la verdad es que me he visto mejor de lo que yo pensaba. Ni me lo creía. Hice de tripas corazón y salí con toda la fuerza.
—¿Hasta dónde te gustaría llegar?
—Hasta lo máximo, he nacido para ello. Es mi vida, mi camino…
—¿Cómo ves la temporada?
—La veo bien. Esta semana seguro que firmo con mi apoderado, que será Pepe Luis Segura, el mismo que lleva a mi hermano, y él es el que mejor sabrá luchar por mí.
—¿Cómo llevas eso de competir en el ruedo con tu hermano?
—Tenía ganas de enfrentarme a él. Mi hermano lo tiene todo demostrado y yo lo tengo que demostrar. Es una rivalidad bonita.
—En la tarde del domingo os enfrentasteis en los ruedos, «¿quién ganó?».
—Los dos nos llevamos dos orejas y rabo, pero los míos la gente los pidió con más ilusión, con más ganas, y mi estocada fue… la mejor. La gente estaba más contenta conmigo. He ganado yo (y rompe a reír).
—Vamos, que Jesús se tiene que espabilar o le comes el terreno.
—Yo le he visto que pisaba el acelerador y eso es bueno. Somos hermanos y nos queremos, pero cuando estamos en los ruedos, él es el enemigo, y ya se sabe: al enemigo ni agua. Si alguien tiene que cortar una oreja, prefiero ser yo. No me puedo dejar ganar.

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