Víctor Janeiro: 'Ya no soy sólo el hermano de Jesús'

Mañana primaveral en «Ambiciones». Como siempre, «paparazzi» en la puerta y ríos de tinta corriendo sobre la familia. Lo habitual de puertas para fuera. Sin embargo, desde dentro, las cosas parecen diferentes. Carmen Bazán nos recibe relajada y nos invita a desayunar al tiempo que nos cuenta todos los pormenores de su último ingreso en el hospital: muchos nervios y una anemia «de caballo». Nos relata también los pormenores del robo en la finca; los cacos entraron con nocturnidad cuando ella se encontraba viendo la tele. Se llevaron sus joyas, que va recordando una por una con todo lujo de detalles: año de compra, valor en pesetas y valor sentimental (Carmen tiene una memoria que parece un disco duro de un ordenador). El botín era un Potosí de impresionantes esmeraldas colombianas, rubíes como garbanzos y brillantes deslumbrantes. Pero recuerda, sobre todo, el gran susto cuando descubrió el robo: primero un cristal roto, luego unas pisadas llenas de barro y luego un cofre vacío en el que guardaba sus tesoros. Carmen nos relata cómo llamó ella (y no María José Campanario, como se dijo) a la Policía, la inquietud con la que vive ahora y la marcha de las investigaciones policiales.

Al poco rato llega Jesús, Jesulín de Ubrique para todos los demás. Saluda muy galante amagando un beso en la mano. Todo un caballero. Al poco, se va al gimnasio, no sin antes pedir que le intentaran arreglar una cremallera de su chándal. Qué sencillez. Carmen Janeiro, que vive en frente a «Ambiciones», llama por teléfono y más tarde se pasa a ver a su madre con su novio, César. Humberto, hijo, está volando (es piloto), y María José Campanario, en su casa. El clan Janeiro al completo (excepto el patriarca) hace de una manera u otra acto de presencia durante una mañana de un día cualquiera. Parecen muy unidos. Pero falta uno: el héroe.

Al fin, llega Víctor, flamante ganador del concurso «Aventura en Africa», con quien charlamos mientras recorremos la idílica finca. Hecho un «tirillas» (doce kilos menos), pero lleno de ilusión, conversa con ¡HOLA! de todos sus proyectos e ilusiones ante una prometedora temporada. Mientras, su novia, Elena Latorre, aún se está arreglando. Aparentemente, «Ambiciones» es un remanso de paz. Aunque sólo sea aparentemente.

—Desde fuera «Ambiciones» da una imagen muy diferente.
—Es lo que hay, y hay que vivir con ello.
—Como de culebrón.
—Sí, como un poco «Falcon Crest» (y ríe enseñando todos los dientes).
—Estando aquí, parece que esa imagen no se corresponde mucho con la realidad.
—Antes entraba aquí todo el mundo, todos los periodistas, la gente… pero los tiempos han cambiado, la prensa se ha vuelto más dura, más violenta hacia mi familia. Se ha creado morbo, como si esto fuera un infierno y no lo es. No somos la primera familia que tiene problemas. Nosotros cuando nos reunimos se nota un poco de tirantez, pero sigue habiendo armonía.
—¿Qué ha supuesto para ti ganar el concurso?
—Cambiarme la vida. Y no por el premio en sí, sino por lo querido que me he sentido. He logrado que la gente me conociera.
—¿Por qué querías que te conociera la gente?
—La mía es una profesión muy difícil y es muy complicado abrirte camino. Estoy muy orgulloso de ser el hermano de una gran figura del toreo y de tener una familia muy conocida, pero en mi profesión la gente me conocía como el hermano de Jesús, en las plazas me mentaban el tema de mi padre o de mis cuñadas…, siempre llevaba esas penitas. Esta era una manera de que se conociera mi personalidad, no sólo por ser de la familia Janeiro.
—Pues has logrado eso y llevarte treinta millones.
—Me hacía también falta. Que nadie se piense que por ser de esta familia somos todos ricos. Mi hermano está situado, pero yo estaba más tieso que el pellejo de un tambor.

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