Rocío Jurado volvió a cantar para felicitar a su marido en el día de su santo

El sábado 19 de marzo, por la mañana, muy a primera hora, sonó el teléfono del torero Ortega Cano, en su casa de La Moraleja. Era madrugada en América. Rocío Jurado, a media voz, le cantó con la más hermosa de sus voces. —Gracias, por haberte conocido … Ninguna emoción más grande ni regalo más querido para Ortega Cano en la distancia. Rocío le cantaba cerca. La Jurado volvió a cantar, bajito, pero como en sus mejores tiempos. —Imagínate —nos dice —,a veces me había entonado alguna de sus coplas, en estos días de América, los dos solos, cuerpo a cuerpo, pero de esta forma, créeme, que nunca … Nunca como hoy, que me hizo llorar. Es un dato, o mejor, es un síntoma. Rocío le quiere, pero además, Rocío mejora. Hace unos días, en Miami, recibió la visita de uno de los grandes hombres de la música, el cordobés Tomás Muñoz, que aunque jubilado —el arte nunca se retira del todo — sabe que Rocío quiere volver a cantar, está cantando, despacio —como quien reza —, pero sobre todo, dispuesta en un día inmediato a grabar ese disco que le está preparando desde hace tiempo Manuel Alejandro en sus playas del Sur.

Y con el torero estuvimos ese día de San José, en el que su hija, que está preciosa, y que tiene en el rostro el lindo color limón de aquel árbol que en «Hierbabuena » le plantó un día Paloma San Basilio; Gloria Camila le regaló como padre y como José un bonito presente que para él había hecho ella con sus propias manos. Una caja de lápices de colores. Emoción en el rostro de José Ortega Cano, en un día que ya, por fin, reventaba además la primavera. Y una foto también a la vera, a la sombra, a la buena sombra, de la copla del grande y glorioso cuerpo de Rocío Jurado, aquel tamaño natural que manda en la geografía de Chipiona.

’Quiero volver a torear’
—¿Y de volver, qué?, maestro. Sonríe el torero. Que sé, de buena tinta que se está haciendo en Fermín dos trajes de luces, uno de azul y otro de verde, por si vuelve, que en el toro está también su vida. Entrenándose en «Hierbabuena » o este mismo domingo, pasando, como pudo verse en el «Bosque », junto a los Janeiro, donde de corto volvió a demostrar que «esa es su vida ». —Lo que pasa es que aunque yo quiero volver a torear, que además Rocío sabe que me gusta mucho, yo, aunque ya tenga en marcha los dos trajes de luces, quiero que ella esté bien del todo, pero del todo, que mejore con fuerza, y no quiero hacer el paseíllo —aunque ya tengo proposiciones en serio — hasta que ella no esté completamente bien. Por que yo no quiero que al ¡ay! de su pelea, tenga que añadir yo el ¡ay! de cada vez que toreo. Suspira hondo el torero, da un lance al toro del carro, como si estuviera en la mitad de la plaza, y termina. —Porque ella ha sufrido mucho, y yo con ella, y la quiero ahora más que nunca. Hace unos días habló el torero para Televisión Española desde su casa de «Hierbabuena ». Dijo entonces, que quizá volvería al lunes siguiente. No ha sido así. Pero él mismo nos lo explica, mientras Gloria Camila juega en la moto pequeña en el jardín, en el que ya empiezan a abrirse las flores de marzo.

—Volverá este fin de semana, porque el tratamiento va muy bien, hubo algún problema, pero, gracias a Dios, se solucionó. Y se ha quedado unos días más, porque, sencillamente, hasta el veinticuatro no le dan las vacaciones, que allí no se llaman de Semana Santa, a José Fernando en la escuela, y quiere traérselo en el viaje … Desde la foto grande, que preside, que llena en salón principal de la casa, la Jurado nos mira sonriente, como en sus mejores tiempos. El torero se lleva una mano a la boca y se la pone, al paso, después en los labios de la artista. Pero no es por ser hoy el día que es. Creo que lo hace todos los días. Y José como siempre en torero, hace el paseíllo, hasta el coche que le llevará hasta su madre, doña Juana, que le ha hecho por ser el día de San José, el día del niño, el plato que más le gusta. Y con él, la niña Gloria Camila.

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