Rocío Jurado ya está camino de Houston. La cantante, como siempre junto a su marido, José Ortega Cano, vuelve al centro médico Andersen para realizarse el preceptivo chequeo médico para comprobar que todo sigue bien, que el tratamiento contra el cáncer al que se sometió en este centro fue efectivo.

Rocío llegó al aeropuerto de Barajas con su mejor sonrisa, maquillada y bien peinada y luciendo un impresionante abrigo de piel. Con ella, además de su marido, estaba su hija menor, Gloria Camila, de nueve años, que lógicamente, dada su edad, desconoce la grave enfermedad que padece su madre. Su tratamiento en Houston concluyó a finales del pasado mes de noviembre y en diciembre, Rocío, La más grande, volvía a casa. Desde entonces, sólo ha salido de su domicilio de La Moraleja para visitar a la Virgen de Regla de Chipiona, para estar en su finca sevillana de Yerbabuena y, en los últimos días, para estar junto a su hija pequeña y su gran amigo, Juan de la Rosa, realizando algunas compras.

Sobre su estado de salud, la cantante se ha mostrado cauta. La primera parte del tratamiento fue superada con éxito pero el examen al que estos días se va a someter podría ser decisivo. Si los resultados son positivos podría comenzar a hacer vida normal e incluso pensar en su vuelta al trabajo. Por el momento, Rocío continúa su recuperación, perdió mucho peso y, sobretodo, masa muscular por lo que tuvo que recurrir a la ayuda de un fisioterapeuta. Todavía está débil pero mucho menos de lo que lo estaba cuando volvió a España y además le acompañan el valor y la entereza que siempre la han caracterizado.

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