Vallejo-Nágera habla en exclusiva de su ruptura con Eugenia

Alargar la adolescencia
—Algo te habrá hecho ponerte más serio.
—Al comenzar a darme cuenta de que la vida no es sólo pasarlo bien. Quizá yo haya sido joven más tiempo de lo debido.

—Has alargado voluntariamente la adolescencia.
—Sí.

—Te independizaste muy joven, Nicolás.
—Relativamente. A los veintidós años. También es verdad que estudié fuera de España, en Londres y en París.

—¿Querían tus padres meterte en vereda, como quien dice?
—No, fue voluntad mía. Me quería ir para aprender inglés, porque ya había estudiado francés en un colegio de Madrid. También estuve en el Rosales.

—Una aventura más, irte al extranjero.
—Sí, pero me sirvió de mucho. Ahora tengo amigos hindúes, japoneses, malayos, americanos..., conlos que aún tengo contacto.

"Nos conocimos por casualidad»
-Eugenia y tú nunca habéis querido reconocer entre vosotros existió una relación..., y la hubo.
Sí, es evidente que la hubo.

-Y por qué negar la evidencia entonces?
No sé. Intentamos vivir nuestra historia apartados todo esto.

-Pecaste de iluso.
Efectivamente. Surgió en mí ese piscis al pensar que si estábamos dos o tres meses intentando pasar más inadvertido posible, al final todo se tranquilizaría y nos dejarían tranquilos.

-Eugenia la conocías hacía tiempo.
De coincidir en sitios, aparte de tener amigos comunes.

-Os encontráis otra vez.
Por una casualidad de la vida, en la playa de Marbella, en agosto. Como te decía, estábamos solteros sin compromiso.

-Llegaste a conocer a Francisco Rivera?
Sí, le conocía desde hacía tiempo. Le admiro mucho profesionalmente. siempre está ahí para ayudar a Eugenia.

«Una bola que se hacía cada vez más grande»
—Quieras o no, las cosas pueden en un momento llegar a afectarte, aunque estés muy protegido.
—Lo que más me ha afectado y lo que peor he llevado ha sido ver a determinadas personas hablando de mí sin conocerme de nada.

—¿Qué pasó para romper, Nicolás?
—En mi opinión, hubo mucha presión. Los primeros meses fueron maravillosos y lo pasamos muy bien. Pero, claro, la presión era como una bola que se iba haciendo más grande. Cada vez te costaba más salir a la calle.

—Quizá ante esa presión a la que te refieres, lo más fácil era abandonar en vez de luchar, Nicolás.
—Sí, y así se planteó, pero ese viento y esa marea contra los que luchabas eran cada vez más grandes. Lo más duro de todo esto es que opine de ti tanta gente, incluso a nivel personal.

—Alguien daría el primer paso.
—Fue algo natural. Nos fuimos dejando de ver poco a poco a raíz de aparecer un problema de comunicación entre nosotros como consecuencia de toda esa presión a la que antes hacía referencia.

—¿Pero continúan siendo los sentimientos los mismos?
—Han sido muy fuertes, sobre todo, por mi parte.

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