Aguas Ocaña. esposa del presidente de Honduras, en familia

—En aquella época, Maduro era candidato; después ganó las elecciones. Cuando esto ocurrió, ¿se vio como primera dama?
—Nunca lo pensé, porque los políticos siempre me habían parecido de poco fiar. Con el tiempo le fui conociendo y le vi sencillo y transparente.

—¿Y se casaron en seguida?
—Nos casamos al año. Nos vimos obligados por las circunstancias. Nos queríamos, estábamos lejos y los encuentros eran a mitad de camino, cogiendo aviones. Si yo aparecía con él, ¿en calidad de qué? Era una postura incómoda para ambos.

—Se convierte de la noche a la mañana en mujer del Presidente. ¿Qué se le pasa por la cabeza?
—¡Cuál iba a ser mi papel! Yo sabía la función reservada a las esposas de Presidentes europeos, pero aquí era distinto. Así que decidí que iba a trabajar para ayudar a los necesitados, que son muchos. Tenía que ganarme al pueblo, yo no era hondureña y había recelos. Me integraba en una familia nueva, la de mi marido; ya había personas haciendo la labor que tenía encomendada la primera dama y era delicado quitársela. Fue complicado. Me decidí a salir a la calle y ver de cerca las necesidades. Lo primero, visitar la única casa refugio para mujeres maltratadas. Hoy tenemos seis.

«Pensaron que era una excéntrica»
—¿Cómo la recibieron, porque, hasta ahora, ninguna primera dama había hecho esta labor de calle?
—Sorprendidos. El primero, mi marido, que no veía la necesidad de que estuviera trabajando a primera hora de la mañana en mi despacho, y menos cuando se enteró de que iba a salir por la noche en coche, a rescatar a los niños de la calle. «¿Estás segura —me decía— de lo que vas a hacer? ¡Una primera dama recogiendo niños!». Como era española, o pensaban que eso era normal en mi país o iban a pensar que era una excéntrica o una loca. Después, al ver los resultados, me fueron aceptando. La gente del pueblo se puso a mi lado, me llamaban para denunciar a los vecinos que habían abusado de sus hijos, a los niños que estaban desnutridos, las mujeres maltratadas... Las llamadas de auxilio eran continuas. Hemos asistido hasta ahora a más de veintitrés mil personas, entregado tres mil sillas de ruedas, colchones de agua para enfermos «llagados». Hemos sacado de la cárcel a mujeres en estado terminal.

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