Sofía Mazagatos enseña por primera vez el chalé que le reclama José María González de Caldas

Pero no debería herirte tanto que se diga que tienes que irte de tu casa si tú luego puedes demostrar que no es así.
Ya, pero es muy duro que la gente hable sobre acontecimientos importantes de tu vida sin ninguna clase de rigor, sin haberse documentado antes.
Lo malo habrá sido tu familia, tus amigos.
Así es. Están asustados pensando que pueda estar en la calle. Por eso también aprovecho ahora para tranquilizarles y decirles que no pasa nada y que lo único ha sido que se ha perdido el juicio en primera instancia.
El señor González de Caldas y tú habéis llegado a un punto sin retorno y, a lo mejor, podríais haberlo evitado.
Puedo asegurarte que me hubiera encantado no llegar hasta este punto.
Hay que remontarse tiempo atrás, Sofía.
Yo tenía entonces veinte años y de repente te crees que el amor es para toda la vida y que todo va a funcionar muy bien, pero lo que no puedes suponer es que al cabo de los diez años se vuelva a insistir con más fuerza, porque ya estamos hablando de abogados y Tribunales. Quiero que quede muy claro que yo siempre quise llegar a un acuerdo en silencio y evitar precisamente este lío que se ha formado.

"¡Esto es una locura!"
Pero, vamos a ver, ¿a nombre de quién está la casa?
De una sociedad cuyo testaferro es él, pero que él domina a través de otras sociedades.
Entonces,¿tú no figuras?
No, porque él vendió las acciones sin que yo me enterara. He intentado por activa y por pasiva mantener una conversación en persona con él, para llegar a un acuerdo y evitar llegar a situaciones como ésta. Incluso hubiera pagado mucho más de la cantidad en que el perito judicial tasó esta casa.
Se ha llegado a decir la cantidad de seiscientos millones de pesetas.
¡Eso es una locura! Eso no vale esta casa ni mucho menos. La tasación oficial fue de ochocientos cincuenta mil euros. Lo que Caldas diga es otro tema.
Te referías antes a unos pactos entre el señor Rodríguez de Caldas y tú.
Cuando nos separamos, porque la relación era inviable debido a su forma de ser, firmamos un contrato de arrendamiento de cinco años. Transcurrido ese tiempo, yo ejercitaría la opción de compra que figuraba en el contrato. Pero entonces ese señor va y no se acuerda de nada, lo incumple todo y se desmarca pidiéndome seiscientos millones hace tres años. Lo peor de todo es cómo han sido las formas, la poca dignidad y categoría mostradas.
¿Y no ha habido manera de hablar con él?
Imposible. Hace mucho tiempo que ya no hablo con él.

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