La gira con Cinco mujeres.com la llevó por todos los rincones de España y, por primera vez, la hizo subir a un escenario. El éxito fue total y el aforo completo. Aun así, Patricia Conde siempre encuentra un momento para viajar y no duda en aventurarse por tierras lejanas, en este caso, el destino elegido es Senegal. Un lugar que parece alejado en el tiempo y en el espacio, en costumbres y gentes, pero a la vez tan cercano. Un país con sus glorias y sus miserias, con su pobreza y su alegría, y que sobrevive a duras penas. "Siempre supe que mi corazón me traería a Africa, pero no imaginé que sería tan pronto".
Vestida con su falda rayada de volantes, un pañuelo a la cabeza y un par de alpargatas, la actriz dedicó su semana de vacaciones a realizar una labor humanitaria que difícilmente olvidará. A su vuelta le esperaba su nuevo programa Splunge, que comenzó a emitirse el 10 de enero en Televisión Española, en horario de máxima audiencia y en el hueco que ha dejado la exitosa serie Ana y los siete.

¿Qué te empujó a venir aquí?
Había oído hablar de un sacerdote escolapio que llevaba más de treinta años trabajando en Senegal, ayudando a niños, a mujeres, a todo aquel que podía y tuve la oportunidad de conocerlo en Madrid. Lo demás vino rodado. Yo tenía ganas de ayudar. Soy una persona a la que le encanta ver todo tipo de documentales, y cuando llegaban los de carácter humanitario, medecía: "Algún día, Pati, tú tendrás que ir, pero para ayudar". Y ese día llegó, por fin.

¿Ha sido una experiencia dura?
Dura y gratificante a la vez. No creo que nadie esté preparado para afrontar la pobreza en la que vive esta gente. Aquí, en la selva, en la baja Casamance, tienen para co-mer, pero no hay hospitales. Bueno, hay uno recién construido pero no funciona por falta de personal. No hay médicos. No sé qué ocurre, la verdad. Puede que algunos no quieran venir hasta aquí a trabajar, otros seguro que ni siquiera saben que existe esta posibilidad. En esta zona, como en todo Senegal, cada día se mueren niños de malaria, de cólera... Me gustaría que, cuando leyesen esta entrevista, se decidiesen a venir a ayudar. No saben lo maravilloso que es ser útil en un lugar tan necesitado.

Los niños se acercan a ti como locos, parece que posees como un imán...
Me encantan los niños y tengo un don especial para hacerlos sentir bien. No me cuesta nada que se rían con las "carotas" que pongo, y aunque no sé hablar bien francés, me entienden, o al menos se ríen con mis gracias.

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