Las fotografías exclusivas de la visita de Francisco Rivera a Eugenia

No era un día cualquiera, era el cumpleaños de Francisco Rivera. Y lo pasó con Eugenia, aún su esposa. Juntos, como en los mejores tiempos, pero no en tan buenas circunstancias. La duquesa de Montoro había sido ingresada de urgencia en una clínica sevillana, y es que a la benjamina de la Casa de Alba, aunque le pongan etiquetas de ( crisis de ansiedad o subida de la amilasa, le duele el alma de tanto que se le han partido. Es la factura que le pasa el empacho de disgustos, frustraciones, traiciones, persecuciones e injerencias que a diario le sirven a la mesa. Pero ese día, ese 3 de enero, era especial. Francisco había comido con su hija y había recibido la corona que lo convertía en «Rey» de Triana, en Melchor, a la otra orilla del Guadalquivir. Una jornada que transcurría según lo planeado, hasta que supo del ingreso de Eugenia. Voló a su lado. Le dieron las once y media de la noche; tan sólo unas horas, pero juntos.

Buscó el sosiego de ‘La pizana’
Sin más complicaciones, Eugenia recibió el alta al día siguiente. Se fue a «La Pizana» en busca de sosiego, pero sabiendo que la visita del día anterior había encendido fuego donde quedaban brasas, al menos en las expectativas de ese colectivo que devora insaciable los capítulos de su relación. Su encuentro es un nuevo recoveco de un laberinto en el que encontramos, más allá de la lógica preocupación por la salud de la madre de su hija, un nuevo titular para el índice de la historia interminable de sus idas y venidas, de sus pasitos para adelante y sus otros pasitos para atrás, de sus ofensivas en ataque y sus repliegues sentimentales.
br> De nuevo, y como tantas otras veces, se alimenta la expectativa de una posible reconciliación, se disparan las alarmas de la rumorología y se pone en marcha la maquinaria de la especulación, pero que hasta ahora siempre ha acabado en una nueva edición del cuento del lobo, en versión Eugenia y Francisco.

El torero vuelve al lado de su esposa
En realidad, esa visita debería entenderse dentro de la normalidad de una relación entre personas educadas, que lo son, en lo habitual entre una ex pareja que se lleva bien, que guarda las mínimas normas de cortesía y que trata de mantener una relación cordial y amigable en la que prime el cariño o, al menos, el respeto, por el bien de su hija, de cinco años. Pero cuando se trata de su relación, no es difícil ver tres pies al gato. El nuevo «bis a bis», de lo más esperado por los devotos de la cosa rosa que no pierden ripio de sus andanzas, ha desatado un clamor unánime entre la media España que sigue fielmente el devenir de esta historia, que en este caso es casi entera: Francisco Rivera Ordóñez vuelve al lado de su esposa para darle apoyo en su debilidad, para acompañarla en un mal momento (¿en la salud y en la enfermedad?) o para intentar retomar un camino que no ha podido o no ha querido olvidar y en el que aún podría ir encontrando miguitas a su paso.

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