'Mi marido tiene unos valores increibles'
Mamen, ¿cómo se vive al lado de una estrella del fútbol?
—¿Que cómo se vive? Yo no le veo como una estrella...
Raúl González, el capitán del Real Madrid, lo es sin duda ninguna.
—Yo estoy casada con la persona más normal del mundo.
La fama no le ha hecho perder el Norte.
—Para nada. Raúl tiene unos valores increíbles. De verdad.
La popularidad se convierte a veces en una carga. Al menos eso se suele decir.
—Mi marido es una persona muy accesible y siempre le tratan con mucho cariño. Y, oye, te sientes orgullosa al ver la cara de felicidad de los niños y de las personas al verle.
Además, Raúl no suele perder la paciencia.
—Para nada. Tiene muchísima. Es muy difícil que se enfade. Es plenamente consciente de la influencia que puede llegar a tener en los niños.
A él no le importará tu trabajo.
—En absoluto. Es más, me dice: «Qué bien estás en esta foto», y lo comentamos, o si yo le cuento lo que voy a hacer a la mañana siguiente se interesa por los detalles. Es una persona que no me pone trabas para nada.
'Con los años se va madurando'
¿Dos hijos son suficientes?
—Me gustaría volver a ser madre. Me haría mucha ilusión tener una niña, la verdad. Estoy todo el día acostumbrada a ver cómo mis hijos juegan al fútbol, a peleas... A cosas de chicos, en una palabra.
¿Ir siempre a la última te tiene atrapada?
—Siempre intento buscar un poco la comodidad en el día a día, la comodidad por la vida que llevo. Me levanto por la mañana a las ocho para llevar a los niños al colegio; luego suelo ir al gimnasio, a jugar al paddle o a hacer algún tipo de deporte. Por eso intento ir cómoda por las mañanas, aunque, si tengo que ser sincera, reconozco que me gustan bastante la moda y los complementos.
¿Presumida, lo justo?
—Lo justo.
Mamen, has evolucionado mucho.
—Con los años se va madurando y se van aprendiendo cosas de los errores que cometemos.
Sabrás, supongo, que de manera casi sistemática aparecen rumores que hablan de problemas en tu matrimonio.
-Esa es una de las cosas a las que te acabas por acostumbrar con el paso del tiempo: a tener cada año un par de supuestos embarazos y una supuesta separación. Así llevamos ya siete años.

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