Curiosas coincidencias entre las amistades de Eugenia Martínez de Irujo y Francisco Rivera Ordóñez

Fue en la inauguración de un mercadillo navideño cuando no tuvo reparo en asegurar, con toda la ironía que la caracteriza: "Yo sé bien lo que quiero y lo que me gusta (para mis hijos)". "¿Y esa persona (Colate) no le gusta?", le inquirieron. "Eso no lo he dicho yo...". Como siempre, sus silencios quedan en unos puntos suspensivos que al final son más elocuentes que sus propias palabras. Y a buen entendedor...

Ante estas afirmaciones, Eugenia y Colate no salen de su asombro. Ellos sólo querían tomarse un tiempo para reflexionar sobre el futuro de su relación y, en la medida de lo posible, preferían no hacer declaraciones públicas que confirmaran o desmintieran una decisión que aún no estaba madurada. Malo es que en una relación que acaba de comenzar, y a la que se le presupone toda la pasión de los inicios, necesite ya de intermedios, pero menos saludable es la interferencia de terceros.

Por su parte, Carla Goyanesse ha erigido como la tercera en discordia en este folletín. Carla reapareció en Port Aventura —con el «Pájaro Loco» como pareja—, tras su exilio voluntario en París. La hija de Cari Lapique hizo su «rentrée» acompañada por la hermana de Colate Vallejo-Nágera (por si éramos pocos...). Carla y Samantha Vallejo-Nágera son amigas desde hace años y no han dejado que este fuego cruzado sea un obstáculo para ellas. Es decir, que la hija de Carlos Goyanes quiere mantener la amistad con la familia de Colate, que, a la sazón, ya es el ex de su ex (es decir, antiguo novio de Eugenia, que es la ex mujer de su último novio, Fran Rivera). A estas alturas de la película, además de la brújula y el croquis, hace falta un GPS para no perderse.

La aventura estival de Carla y Fran acabó mal, muy mal, pero, lo que es peor, dio al traste con una amistad que les unía desde hacía muchos años, tanto que se habían criado prácticamente como hermanos. Carla sufrió mucho, al igual que Cari Lapique, ya que esta relación la enfrentó directamente con una de sus mejores amigas: Eugenia Martínez de Irujo.

Con todo, parece que Francisco Rivera será el más perjudicado por el devenir de esta historia, al menos con vistas a estas fiestas. El diestro se enfrenta a unas Navidades que pintan un tanto amargas con la ausencia de su madre, sin su esposa y sin la que hasta ahora consideraba su segunda familia, los Goyanes-Lapique. Pero ahora, con Eugenia y Francisco de nuevo en el mercado, hay quien busca una reconciliación atribuible al espíritu navideño.

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