Curiosas coincidencias entre las amistades de Eugenia Martínez de Irujo y Francisco Rivera Ordóñez

Sin embargo, no es sólo el acoso mediático lo que precipitaría el final de esta microhistoria y provoca que, muy probablemente, se quede con muchos capítulos en blanco. Según hemos podido saber, el verdadero y gran escollo de esa relación sería la oposición frontal de los padres de Tita, Juan Astolfi Pérez de Guzmán y Mayte González-Moguena, que se habrían negado a que su hija se convierta en pasto de la trituradora del submundo rosa y a que los escándalos acaben con el prometedor y tranquilo futuro que le desean a su niña. De hecho, cuando Juan y Mayte se enteraron de los encuentros de la pareja, un secreto a voces en los mentideros de Sevilla, convocaron un cónclave familiar en el que habrían expresado a Tita su disgusto y le habrían aconsejado que no hiciera declaraciones ante los medios de comunicación: que no desmintiera ni confirmara y que no negara ni asintiera ante las cuestiones que se le hicieran, ya que no es un personaje público.

De Tita poco se sabe, más allá de que hizo sus pinitos como modelo para promocionar moda flamenca, que es la mayor de tres hermanos y que viaja mucho acompañada por su abuela, con Montercarlo como destino preferido. Quienes mejor la conocen aseguran que Tita (por cierto, con un parecido razonable a Carla Goyanes) es una niña dulce, cariñosa y obediente, que respeta y quiere mucho a sus padres y que no pretende hacerlos sufrir, pero a quien, pese a todo, le hace gracia, en cierta forma, la situación que se ha creado. Dicen, además, que a ella (hasta hace unos días era una desconocida más allá de su círculo) no le disgustaba el interés que despertaba en el hijo del desaparecido Paquirri.

En Sevilla se conocía que Tita había salido con otro chico, que, por esas casualidades de la vida, no es otro que Rosauro, el mismo relaciones públicas que en su día fue el paño de lágrimas de Eugenia Martínez de Irujo tras la separación de Francisco Rivera. Propietario de Boss, el bar de moda sevillano, con insólito éxito entre el público femenino y al que se le cuentan conquistas como mechas rubias luce, Rosauro habría cortejado durante dos meses a Tita Astolfi. Lo suyo habría sido una relación absolutamente extraoficial, ya que nunca se lo presentó a sus padres. Con todo, Rosauro se convierte en un personaje fundamental en este singular «cluedo», cuya intriga se va desgranando poco a poco: Tita y Eugenia, que no se conocen de nada, pero cuyas familias tienen una estrecha relación, ya tendrían un Rosauro y un Francisco que compartir en la historia sentimental que se les atribuye, mientras que el diestro y el empresario de barra cuentan en su currículum, al menos, con gustos muy parecidos en los asuntos de faldas y una creciente fama de seductores.

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