Coincidencias entre las amistades de Eugenia Martínez de Irujo y Francisco Rivera Ordóñez

Francisco Rivera, que estuvo casado con Eugenia Martínez de Irujo, ha sido el último acompañante de Tita Astolfi, quien, al parecer, estuvo saliendo en su día con Rosauro, un ex que compartiría con Eugenia, quien se está tomando un tiempo en su relación con Colate Vallejo-Nágera, amigo de Carla Goyanes, que, a su vez, es la penúltima chica de Rivera Ordóñez.

Hace falta mucho más que una brújula o un croquis para no perderse en las idas y venidas de los personajes de este singular grupo, cuyos perfiles últimamente se acercan más a los de protagonistas de una comedia de enredo o, peor aún, de culebrón, en el que se cruzan amores, desamores, confidencias y traiciones, con las calles de Sevilla como eventual denominador común. Como suele pasar, la realidad supera a la ficción y ni la mente del más enrevesado guionista de telenovela hubiera creado un entuerto semejante. Ni «Falcon Crest».

La última incorporación a esta opereta en cuestión es Teresa (Tita) Astolfi. La sobrina de Luis Astolfi —conocido jinete que saltó a la popularidad mediática por su amistad con la infanta doña Elena, con quien se le relacionó sentimentalmente— se ha convertido, muy a pesar de su familia, en el rostro más buscado de Sevilla. El papel de Tita es el más dulce y cándido de este serial: un bellezón sevillano de dieciocho años que actualmente cursa primero de Derecho y que pertenece a una de las familias más respetadas y conocidas de la ciudad del Guadalquivir. En una de sus visitas al club Antares, gimnasio frecuentado por la alta sociedad hispalense, conoció al torero y fue, al parecer, un flechazo. Al menos para él, quien, ávido en estas lides, no le pasó inadvertida la belleza de la joven sevillana. Ni siquiera Juan Astolfi, padre de Tita, sabía que su hija era socia de este club de la calle Betis, ya que la inscripción se la habría hecho su abuela. Por eso, Tita optó por decir que había conocido al torero en un concierto.

Comienzan entonces una serie de llamadas y mensajes entre la pareja, que desembocaron en un puñado de encuentros, sin que exista testimonio gráfico de los mismos. La única aparición pública en la que coincidió la pareja fue en un concierto celebrado en la capital hispalense a beneficio de Proyecto Hombre. La joven estudiante se sentó en la fila anterior a la del hijo de Carmina Ordóñez, sin que nada hiciera presagiar que era la entonces acompañante del torero. Ambos hicieron gala de una gran discreción. No obstante, alguien del entorno de Tita traicionó su confianza hablando con quien no debía sobre sus encuentros, que tanto la familia Astolfi como Francisco Rivera niegan que fueran más allá de lo normal entre amigos. En el momento en que trascienden sus encuentros y que su «amistad» se hace pública y notoria cesan radicalmente las citas. Ya se sabe lo que pasa con todo lo que toca el matador: se convierte en el objetivo preferente de la prensa del corazón.

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