Naty Abascal posa en exclusiva en compañía de sus hijos

—Rafael tiene veintiséis años; Luis, veinticinco. Dime qué han heredado de su madre.
- Pues yo diría que la tenacidad, la disciplina, el interés por todo lo hermoso. Sobre todo, Rafael. Luis tiene un mayor sentido del humor, es como más divertido.

—Dime qué tienen de su padre, además del título.
- Sobre todo, Luis se parece mucho a su padre y, además, él quiere que se diga que se le parece. En sus gestos, en su forma de estar y también en su forma de ser.

Las tres verdades
Madre orgullosa, el teléfono no deja de sonar. Cambia la pierna, y el cruce es como aquél de la Sharon Stone, pero al pie de un árbol de ‘la dama de noche’.

—De entrada, como los psiquiatras, aquí, en este diván de la palabra, me gusta hacer las tres preguntas de la copla, ya sabes ‘salud, dinero y amor’, que el que tiene las tres cosas, tiene la gracia de Dios. De salud, ¿qué tal?
Pues ya me ves, ando bien.
—¿De dinero?
- No me gusta mucho hablar de esas cosas, pero voy tirando.

—¿Y de amor?
Suelta la carcajada como una bandada de golondrinas. Luego se pone seria de pronto.
—Tengo el de mis hijos. Su vida no es fácil, aunque lo parezca, y le digo que vamos a titular esta larga confesión como el coraje y el ‘glamour’, o sea, madre coraje y madre ‘glamour’, y ella me dice:
—Quiero que sepas que todo, todo lo que hago es por mis hijos. Mi combate es el ‘glamour’, es verdad, sí; la elegancia que nace con uno y que, como dice la copla, no se compra con dinero, que hay mucho mal gusto suelto, pero el ‘glamour’ es hoy una fuerza imparable
—Y luego viene la lucha diaria, Naty...
- Que no falte. Pero a veces te juro que es muy fuerte, siempre de la Ceca a la Meca, con lo que yo llamo mi ‘Equipo A’, con la moda por el mundo, coordinando peluqueros, modistos, asistentes, fotógrafos..., aunque somos los que tenemos que ser, y punto.

—Y el buen gusto que no falte.
- Eso es fundamental, y que no decaiga. Yo cada día me lo juego todo, en un viaje, en una sesión, en un contacto, en una reunión... Ese es mi trabajo.

—Siempre pienso que para ti, que lo has sido todo en la moda, una ‘reina de la moda’, no debe ser fácil estar ahí, al final de unas páginas de resplandor, sólo con tu nombre, con una cierta humildad, ‘coordinando’ , simplemente..., ¿no sientes como una cierta tristeza?
- Ni mucho menos, echa la cabeza hacia atrás, los huesos de los pómulos le brillan, claro que no. Me siento feliz haciendo que aquellas niñas a las que ayudo, las casas en las que estoy, sus ropas, las más bellas, luzcan mejor, sean las primeras.

Recuerdos, sí; memorias, no
Le pregunto si a sus hijos les gusta el mundo de su madre. "·A ellos, lo confiesa orgullosa, les gusta todo lo que le gusta a su madre y quieren para mí siempre lo mejor. Mira, todos los días nos hablamos mucho por telefóno, o yo les llamo o ellos me llaman, y consultamos cosas y hacemos planes. Por ejemplo, la Navidad, que ya tienen adornada nuestra casa de Sevilla, donde vamos a pasar juntos esos días, con mi madre, mi hermana, los míos... Estamos muy unidos. Lo que sí te puedo decir es que a mí me gusta mucho mi trabajo, es mi vida".

—Has vivido tanto, y lo que te queda por vivir; has conocido tanta gente, que siempre pienso que deberías sentarte a escribir tus recuerdos, tus Memorias.
- ¡Me las han pedido millones de veces! Pero aquí te digo que nunca escribiré mis Memorias, porque prefiero no hacerlas, ya que es más lo que tendría que callar que lo que vaya a contar, porque hay muchas cosas que no se pueden contar.

—Tienes ojos de lágrima escasa, Naty; sospecho que nunca se te ha visto llorar. Las ‘leyendas’ también lloran.
- Así es. Lloro poco, aunque sufra mucho. Lloré cuando se murió mi padre, cuando murió Rafael...

—Hagamos el cuestionario de los sentidos, porque tú conoces, vives los sentidos, convives con los sentidos, sobrevives incluso a los sentidos. Un color.
- El rojo.
—Hay muchos colores rojos, Naty.
- Es verdad, pongamos que el rojo Valentino.
—Un olor.
¿Un olor dices?
—Digo. Piensa, por ejemplo, en el jazmín.
- Somos cómplices.

—Me conoces bien, el jazmín, pero a ser posible el de un patio o una tapia del barrio de Santa Cruz, en Sevilla.
—Un sabor.
Lo piensa un poquito, porque tiene varios. A veces, un sabor es un amor. No obstante, echa por delante el salmorejo y luego remata: —El jamón, que nunca se harta una de él.
—Un dolor.
- ¿Un dolor? ¡Cómo está el mundo a nuestro alrededor y que me preocupa tanto!...
—Un deseo no obtenido.
- Me hubiera gustado mucho haber tenido una hija, sí, es verdad, lo que pasa es que mi hermana tiene una, a la que yo quiero mucho, como si fuera hija mía.

—Dime, ¿llevarás mantilla cuando seas la madrina, cuando se casen tus hijos?
- ¡Claro que sí! ¡Cuando se casen!

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