Julio Benítez espera impaciente que salga el toro del 2005

—¿Y te compensa con creces vivir aquí en régimen casi de clausura?
Sí, porque mi vida es el toro. El día que decidí dejar de estudiar para dedicarme al toreo lo hice pensando en lo que se me venía encima.

—¿Qué dijo tu padre cuando le comunicaste que querías ser torero?
Que si tenía verdadera vocación, adelante. Pero que me exigía ser un número uno, una figura grande, que de lo contrario, no compensa tanto sacrificio. Ser una más, a él no le vale.

—¿Y tu madre?
Gracia no le hizo, desde luego. Pero mi madre sólo quiere lo mejor para sus cinco hijos. Me vio ilusionado y aceptó mi decisión..., aunque estoy seguro de que en su fuero interno no le debió hacer gracia alguna que yo quisiera ser torero. ¡Ya había tenido uno en casa!

—¿Qué echas de menos?
Fríamente, podría echar de menos muchísimas cosas y a muchísima gente. A mi madre, por ejemplo. Pero soy consciente de que he contraído una responsabilidad. Es decir, no puedo hacer lo que quiera. Lo acepto. Pero lo hago por mí mismo. Cuando uno hace lo que quiere, no tiene derecho a quejarse. Más bien lo contrario, es un motivo de felicidad.

—¿Qué papel juega en todo esto tu padre?
Mi padre ha querido que yo esté con los Lozano, y a partir de ahí, ha dejado vía libre tanto a ellos como a mí.
Julio es el hijo menor de Manuel Benítez Pérez, ‘El Cordobés’, y de Martina Fraysse. (‘Escribe bien el apellido —me dice—, porque hay que ver cómo lo cambian por ahí. Fraysse ¡con y griega y doble ese!’.)
Nació en Córdoba el 13 de agosto de 1985. El matrimonio Benítez Fraysse tuvo otros cuatro hijos antes de que Julio viniera al mundo: Maribel, Manolo, Rafael y Martina.

—¿Cómo son tus hermanos?
Estupendos. Les echo de menos. Estamos muy unidos. En Córdoba nos vemos todos los días, en casa. Somos una familia muy unida.

—¿Qué es lo que más debes a tu madre?
¡Muchas cosas! Ella ha estado siempre muy pendiente de todo y de todos. Ha sido comprensiva y dura. Quien nos reñía y nos castigaba era ella. Y como te he dicho, con respecto a mi deseo de ser torero, ella está contenta, a pesar de los pesares. Sabe que no lo hago como mero pasatiempo, sino por vocación, y ella en eso no se mete.

—¿Qué admiras más de tu padre?
El tesón de salir adelante. Partió de cero. Sin estudios, sin cultura, en la pobreza absoluta. Y con mucho esfuerzo, con amor propio y deseo de superación supo llegar a donde llegó. Eso sólo se consigue a base de pundonor.

—¿Tu padre no interviene en la decisión de tu futuro?
No, no. Mi padre no quiere interferir en mi carrera taurina, en mi futuro. Esto depende de mis apoderados y de mí. La familia Lozano dice que no tiene prisa con respecto a mi futuro, que debo ir creciendo taurinamente poco a poco. Te diría más: si no funciono, me quito de en medio, porque yo estoy hoy aquí, entrenándome, privándome de muchas cosas, porque quiero llegar a lo más alto, a ser el mejor. Será torero, sin duda. Por lo pronto, hoy es la gran esperanza del toreo.

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