Olivia de Borbón: 'Alonso Caparrós no me ha roto el corazón. Él tiene que vivir su vida'

No se ha borrado de su porte esa tranquilidad que siempre ha transmitido. Es afable en la palabra, y quien no la conozca, a lo mejor pudiera ver en ella a una mujer ingenua e inocente. Nada más lejos de la realidad. Olivia de Borbón, hija de Beatriz von Hardemberg y del duque de Sevilla, tiene treinta años. Es independiente, reservada y sabe muy bien lo que quiere. La justicia, vivir sin hacer daño a nadie y la familia son, en ese orden, los pilares básicos de su vida. Su paso por «La granja de los famosos » ha sido un revulsivo en su vida. Olivia lo buscaba. Lo deseaba. No esperaba quizá lo que sucedió cuando su corazón comenzó a sentir de forma diferente a Alonso Caparrós, otro de los concursantes. Quedaron en hablar fuera para ver qué hacían con sus vidas, revisar sus sentimientos.

Los de Alonso lo tuvieron claro muy pronto y le llevaron a regresar al lado de su mujer, la madre de su hija pequeña. Olivia, por su parte, ha sellado su corazón para que no haya fugas de su sentir. Pero no hay rencor ni venganza. Los dos sabían muy bien las reglas del juego de un amor posiblemente condicionado por las circunstancias. Se atisba comprensión en sus palabras. Desea lo mejor a Alonso, a quien ha abierto de par en par la puerta de la amistad y ha cerrado a cal y canto la de algo más.

Su lucha por ser actriz
—Olivia, si he de ser sincero, tu presencia no encajaba mucho en el concurso.
- Como en todo hay varios motivos que me impulsaron a presentarme tras pensarlo muchísimo. Quizá el más importante haya sido para darme a conocer un poco, porque llevo muchos años luchando por convertirme en actriz.
—Y no consigues llegar del todo.
—De alguna forma, no. Por otra parte, el concurso también ha sido una forma de crecimiento personal y de romper las barreras de timidez que tengo, porque sabía que allí dentro o las rompía o me tenía que ir inmediatamente. Entonces era consciente de que me tenía que esforzar a abrirme un poco y a buscarme la vida.
—Cuando vas a tu padre y le dices: «Oye, papá, que me voy a un concurso de televisión»...
—Su reacción me sorprendió muchísimo, porque mi padre es una persona muy privada, mucho, y todo este tipo de temas, además, no le gustan nada. Recuerdo que cuando le planteé lo que sucedía pensé que me iba a decir que estaba loca y que no lo hiciese.
—¿Y?
—Pues, como te digo, me sorprendió, porque me dijo que si había tomado la decisión de ir era porque yo lo había meditado mucho y que él confiaba en mí plenamente, que sabía que no se trataba de un impulso ni de una locura mía y que iba a ser bueno para mí.
—Lo cierto es que pareces traer en la maleta poca timidez.
—Sí, pero aunque me cuesta menos hablar, en el fondo sigo siendo muy introvertida. La cuestión es que he vuelto con mucha seguridad en mí misma y estoy muy contenta por ello. Tengo muchas ganas de comerme el mundo, algo que sin seguridad en uno mismo es imposible hacer. Al menos esto es lo que creo.

’Todos los sentimientos se magnifican’
—De todas maneras, tu forma de ser no invita a muchas discusiones.
—Yo sabía que grandes problemas no iba a tener en «La granja...», pero también era muy consciente de que tenía que vivir durante veinticuatro horas con gente que no conocía. De todas maneras, tengo que decir que, por lo general, la convivencia ha sido magnífica y todos nos hemos intentado respetar en la medida que ha sido posible. Lo malo es que ha habido un ligero roce.
—En tu caso, además, ha habido algo más.
—Fíjate que cuando me preguntaban que si había posibilidad de que yo iniciase alguna relación en el concurso les aseguraba que era del todo imposible, porque iba allí a trabajar, a pensar y a pasármelo bien.
—Quizá os encontrasteis dos almas solitarias, Olivia. Me refiero a Alonso Caparrós y a ti.
—Muy posiblemente. Dos almas solitarias, dos personas que, a pesar de haber vivido vidas muy diferentes, tienen muchas cosas en común. De todas maneras, en el concurso no vives la realidad. Todos los sentimientos se magnifican: la soledad, el cariño, las alegrías. Y si encima tienes a alguien en quien apoyarte, todo se hace mucho más fácil.

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