Carmen Martínez-Bordíu: 'La Reina me ha llamado para felicitarme por la boda de mi hijo'

—¿No crees que pudo haber caído mal en algunos sectores de España el que en las invitaciones tu hijo pusiera Su Alteza Real?
—En su partida de nacimiento, mi hijo figura como Alteza Real. Y su hermano, Francisco, está enterrado en las Descalzas Reales como Alteza Real. Por otra parte, Luis Alfonso les ganó, en su día, a los Orleáns en Francia un pleito en virtud del cual puede seguir llevando sus títulos. Entonces, si él es Alteza Real en Francia, porque el ducado de Anjou implica que es Alteza Real, ¿va a dejar de serlo en España? Que no te reconozcan un título extranjero como es el ducado de Anjou, pues que no te lo reconozcan, pero tú eres lo que eres. ¿Acaso Hannover, porque es un título extranjero, no va a ser Alteza Real en las Bahamas? Y si a alguien le ha sentado mal, ¿qué culpa tiene mi hijo de haber nacido y de ser el mayor de los Capetos? ¿Qué culpa tiene esta pobre criatura? Porque a mí me pueden poner como el último mono, pero a mi hijo que no me lo toquen, que no me lo toquen, ya que voy a salir a defenderlo con uñas y dientes. Y no le tengo miedo a nada, ni a la muerte, porque con los muertos me llevo divinamente.
Otras ausencias
—Hubo, por otra parte, varias ausencias más, Carmen. Algunos, al parecer, se excusaron diciendo que tenían una cacería ese fin de semana.
—Sí. Hubo personas que tenían otro tipo de compromisos... Pero lo que de verdad queríamos era que ese día tan señalado estuviera con nosotros la gente a la que de verdad queremos. Por otro se puede decir que, aunque fue una boda multitudinaria, no hubo compromisos: ha sido todo amistad y corazón. No hemos echado de menos a nadie.
—Tu hermano Francisco (Francis) no asistió, ¿por qué?
—Francisco se fue a cazar también.
—Tampoco asistió tu gran amiga Isabel Preysler.
—No. Y yo sé por qué ella no estuvo.
—Tampoco viajó a la República Dominicana tu ex suegra y abuela de Luis Alfonso, Emmanuela de Dampierre.
—Emmanuela quería ir, pero tiene una edad muy avanzada y era un viaje de muchas horas. Por otra parte, tiene muy grave a su hermano. Realmente no pudo ir.
—Tampoco la habrás echado de menos, porque vuestra relación no es precisamente buena.
—Yo le hice saber que lo que ocurra entre nosotras es asunto nuestro, pero que en la boda de mi hijo siempre sería su abuela. Y la habría atendido como abuela de mi hijo que es. Había, además, otras personas que se hubieran ocupado de ella, entre otras, Constanza de Habsburgo. En lo que a mí respecta, yo sé entender muy bien el protocolo, porque lo he mamado.
—Y tampoco estuvo Jean-Marie Rossi, el que fue tu segundo marido.
—Jean-Marie me dijo que eran muchas horas de avión. Y yo respeto siempre las razones. Por otra parte, en el caso de Jean-Marie, estuvo representado por sus hijos. Carmen guarda unos instantes de silencio y después nos dice: —Como resumen, creo que de la gente que yo quiero estaban todos menos los que de verdad —y quiero recalcar el «de verdad»— no pudieron estar.

’La seño, Margot...’
—Quien sí estuvo fue Manuela Sánchez, la «seño» de Fran y de Luis Alfonso. ¿La invitaste tú? Porque... habíais estado distanciadas desde que te separaste de tu primer marido, Alfonso de Borbón.
—A la «seño» la invitó Luis Alfonso. Pero yo quise tener con ella un gesto y le dije: «Hoy es el día de Luis, y por tanto, las distancias entre nosotras hoy no existen». Y es que lo que haya pasado... son cosas del pasado. Por cierto, ella fue —como ya he dicho— la única persona a la que le di un beso en la iglesia.
—¿Sabes qué es ahora de su vida?
—No, no lo sé. Pero estaba allí y quiere a Luis Alfonso, y mi hijo la quiere a ella. Y eso es lo que cuenta para mí. ¡Si la vida es muy simple! Cuentan muy pocas cosas. Lo que pasa es que nosotros nos la complicamos. Pero, en sí misma, la vida es muy simple. En cuanto hablas de corazón y con la verdad, todo es llano, liso, no hay asperezas.
—Cómo sabes, Carmen, ha habido estos días opiniones y comentarios para todos los gustos. Y no ha faltado quien ha dicho que la chica era lo que se entiende un buen —diríamos mejor un gran— partido, como dando a entender que podría haberse casado por interés.
—¿Casarse por interés mi hijo? Si tú ves la cara de este chico, comprendes perfectamente que lo que ha hecho es que se ha enamorado locamente de esta chica. ¿Y hay cosa más bonita que el amor? Yo no conozco una cosa más bonita. No sé tú, yo, desde luego, no. Y si se ha casado con una millonaria, pues mejor que mejor.

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