Carmen Martínez-Bordíu: 'La Reina me ha llamado para felicitarme por la boda de mi hijo'

Tras la boda de su hijo, Luis Alfonso, con María Margarita Vargas, y en Sevilla, donde vive desde hace un tiempo, Carmen Martínez-Bordíu ha posado en un excepcional reportaje en el que, por expreso deseo suyo, queda reflejada el alma y las raíces andaluzas que lleva dentro. Por otra parte, en esta entrevista, Carmen (quién mejor que una madre para relatar la boda de su hijo) nos cuenta, entre razonamientos y pensamientos, anécdotas y detalles, cómo vivió y sintió la boda de Luis Alfonso, una boda que la convirtió en una mujer completamente feliz. —Comencemos por el viaje a la República Dominicana, Carmen. ¿Cómo fue y cuándo os fuisteis?
—Salimos de Madrid —no de Sevilla, como algunos han dicho— en el avión privado que Víctor Vargas, mi consuegro, le envió a mi madre, dado que tiene una edad avanzada y eran muchas horas de viaje, por más que ella tiene más energía que todos los hermanos juntos. El padre de María Margarita nos dijo que fuera mi madre la que de decidiera conmigo qué personas queríamos que nos acompañaran. El avión tenía trece plazas, pero mi nuera me había dicho que cómodas íbamos a ir doce. Entonces pensé: «Somos siete hermanos con las respectivas parejas, catorce, y mi madre quince». No cabíamos todos. Y entonces decidí hacerlo de otra manera, llevándome a uno sólo con su cónyuge y a gente muy unida a mí. Entonces pensé en Mariola y en su marido, dado que, cuando murió mi hijo Francisco, Luis Alfonso estuvo un tiempo —como mes y medio— rodeado de los hijos de Rafael y de ella, ya que era muy importante que en esos momentos estuviera rodeado de personas de su edad; y después, cuando se murió Alfonso, su padre, también vivió una temporada con Mariola y con Rafael Ardid. Por todo eso fue por lo que le dije a Mariola que fuera ella quien nos acompañara. Pero Mariola, que es una persona muy reservada, muy inteligente, muy señora y muy lista, me dijo: «No. Mira, Carmen, no. Te lo agradezco mucho, pero ya he sacado mi billete y prefiero irme con mis hijos». Y yo, que intuyo mucho las cosas, creo que mi hermana me lo dijo para no ponerme en un compromiso de cara a mis otros hermanos.
—Y entonces, tu madre, Roberto y tú hicisteis el viaje rodeados de amigos.
—Efectivamente. Viajé con las personas a las que yo quiero, que son Victorio y Lucchino, que me han hecho descubrir Sevilla, que le hicieron el traje a María Margarita, un traje que yo le quería regalar, pero que se empeñaron en regalárselo ellos; Los del Río, gente a la que adoro, con los que he hecho tantos Rocíos juntos, y que me habían dicho que qué mejor regalo que cantarle a mi hijo en una ocasión tan especial (Luis me había pedido a mí que quería que en la Misa le cantaran la «Salve rociera »), y mi abogado, Joaquín Moeckel, una persona a la vez muy amiga, que fue hermano mayor del Baratillo, la cofradía de mi barrio de Sevilla. Estos fueron quienes nos acompañaron en el avión.
—Estos y el traje de la novia, que, según se dijo, iba extendido en el avión.
—No, no ha sido así. Como tampoco es cierto que enviaran el avión privado para llevar el traje. María Margarita se quiso hacer la última prueba unos días antes de la boda por el problema de que por los nervios se adelgaza y ella quería que el vestido le quedara perfecto. Vino, por tanto, acompañada de su madre en el avión privado y, cuando se marcharon, se llevaron ya el traje
—Llegáis a la República Dominicana, aterrizáis en el aeropuerto de La Romana y os tienen preparada, según se dijo, una casa.
—Los Vargas tenían dispuestas unas casas para ellos y para mi familia. Concretamente, en la que me habían reservado a mí estábamos Luis Alfonso y Cynthia, mi abogado, Roberto Federici y su hermano, César y Mercedes Alba, un matrimonio sevillano que han sido mi alma y mis pies durante toda mi estancia en Sevilla, y yo.
LA SEGUNDA MADRE DE LUIS —En cierto modo, tu madre pierde más que tú, porque Luis Alfonso vivía con ella.
—Voy a decir una cosa: nadie pierde nada porque yo perdí un hijo (Francisco), pero ¡hay que ver lo que me está dando ese hijo que no está conmigo! Y mi otro hijo, el que está, me ha dado lo más bonito que se puede dar: el regalo más bonito que me ha hecho Luis Alfonso es... María Margarita. A mí me ha dado una hija, porque a Margarita yo la quiero como si fuera mi hija, y te puedo asegurar que yo hablo de corazón y que no digo las cosas por decirlas.
—¿Cómo estaba la duquesa de Franco durante la boda? ¿Cómo la viste?
—A mi madre, durante la ceremonia, sólo la miré —como ya he dicho, estuve abstraída prácticamente todo el tiempo— en el momento de las velaciones, cuando se pone el velo sobre el esposo. Lo hice porque me di cuenta de que se lo habían puesto por el hombro, como si fuera una bufanda, y entonces miré a mi madre porque sabía que se había dado cuenta de que el velo no se ponía así, sino extendido. Y, efectivamente, vi el gesto que mi madre hizo.

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