Adiós a Yaser Arafat: político, padre, esposo y sobre todo un líder

<b>Yaser Arafat, presidente a la Autoridad Nacional Palestina</b> 
La luz de la estrella de Yaser Arafat dejó de lucir esta madrugada, cuando su corazón, agonizante desde hace días, dejó de latir. Se moría con él un líder, un político, el máximo defensor del nacionalismo palestino y lo hacía sin ver cumplido su sueño de lograr un estado independiente y soberano para su pueblo. Arafat, a quien sus colaboradores le conocía con su nombre de guerra ‘Abú Ammar’, tenía 75 años y había dedicado toda su vida a la causa palestina, con quien se acostumbraba a decir parecía casado.

El rais, quinto hijo de un matrimonio formado por un acomodado comerciante de Gaza y una hija del antiguo muftí de Jerusalén, nació en 1929 en Jerusalén, según algunos y en El Cairo, según otras fuentes. Estudió ingeniería en la capital egipcia, aunque su verdadera vocación y carrera sería la política.

Desde la creación del Estado de Israel en 1948, luchó por su pueblo -quizás no siempre con los mejores medios- pero fue en su madurez como político cuando Arafat logró el reconocimiento de la OLP por más de cien países, en los que estableció representaciones diplomáticas. Comenzaba la andadura de un sueño que nunca completaría. El 1 de julio de 1994, 27 años después de haber pisado por última vez tierra palestina y haber vivido más de dos décadas en el exilio, Arafat entraba triunfal en Gaza.

Su vida comenzó a oscurecerse en diciembre de 2001 cuando Sharon, ahora primer ministro israelí, le responsabilizó de la violencia en la zona, tras varios atentados de suicidas palestinos, y decretó su confinamiento en la Mukata de Ramala. Recluido, sin luz y en un delicado estado de salud pasó sus últimas navidades, aunque arropado por el calor de su pueblo, que hoy llora su muerte.

En la ciudad en la que hoy dijo adiós a la vida, le esperaba su esposa, Suha Tawil, una cristiana palestina, con la que contrajo matrimonio en secreto en 1992, a los 63 años de edad. Suha no soportaba el austero modo de vida de su esposo y siempre se sintió en un segundo plano, frente a la obsesión por la política del rais. Quizás por ello fijó su residencia en París, donde vivía con su hija, Zahua, nacida en 1995. Consciente no obstante de que se había casado con un mito, Suha, convertida al islam, siempre se mantuvo fiel al sueño de Yasir Arafat de construir un Estado palestino. Incluso llegó a afirmar, respaldando los atentados suicidas, que su 'máximo honor' habría sido 'sacrificar' un hijo por la causa palestina.

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