Animada fiesta en el albero con toreros sobre el escenario

Está el torero deseoso por reunirse con los suyos abajo, en el picadero, donde están instaladas las mesas sobre el albero que desde hace años impregna la existencia de Canales y de otros muchos que allí comparten mesa y alegría.

Un color vivo para estos guerreros del estoque y la muleta. Cuatrocientos invitados para un menu donde no faltan los langostinos de Sanlúcar sobre una ensalada de frutas multicolor. El pescado fresco que ese día había entrado en la lonja. Rosada. Cien kilos. Comenzó tarde la cena. Algun que otro inoportuno apagón ajeno a la instalación de la finca tuvo la causa. Nunca se perdió el buen humor. Ni siquiera cuando estaban casi oscuras y la antorcha de la cámara del video era la única guia posible para descender las escaleras que te llevaban al comedor.

Un constante ir y venir de camareros. Ya no llueve fuera. La luz ha vuelto finalmente. Para qué ocultar el estallido de alegria. Francisco y Cayetano conversan de nuevo con su tía Teresa. Quizás eran muchas las cosas que contar. Que compartir. Que decirse. Jose Antonio está cansado. Lo dice, pero no le importa. En la muñeca reluce el reloj de pedida. Clásico. "Tanto - cuenta el matador - que no lleva ni para el día".

No hay tarta nupcial. Bastante emplea ya Canales la espada para ganarse el día a día. Tampoco valls. Sólo el ritmo de Hector Dona, el hijo de la bailarina Pastora Vega, interpretando la canción preferida de los novios. Gesto torero de Jose Antonio al quitarse la chaqueta y lanzarla sin quitar la vista de su esposa. Alguien se acerca a recogerla del suelo. Luego habrá que devolverla. Lo mismo que en las tardes de Fiesta.

Las figuras del toreo allí presentes cantan y jalean sobre el escenario. Sonido de trompetas y clarines siempre en su corazón, pero hoy también fuego en sus manos.

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