José Ortega Cano fue recibido por su hijo, un joven cadete, con un '¡A sus órdenes!'

Aprovechando la jornada de puertas abiertas en la Florida Air Academy, una institución de gran prestigio en Melbourne, en la costa de Florida, el torero José Ortega Cano acudió a visitar a su hijo, el cadete José Fernando, para llevarle, está muy cerca la clínica de la academia, aparte de lo que siempre lleva un padre al colegio-internado de un hijo, el beso más fuerte de su madre, Rocío Jurado, que continúa combatiendo con todas sus fuerzas y las de la ciencia oncológica su mal en la clínica Andersen, de Houston.

Lo hace con frecuencia el matador, pero en esta ocasión más aún, porque tenía la ocasión de poder pasar un día entero con José Fernando en la academia, donde los alumnos reciben clases de preparación de enseñanza superior, cursos académicos, deportes de competencia, lecciones de tutoría en matemática, buceo, artes marciales, niños exploradores, patrulla aérea civil, lecciones para aprender a conducir y, sobre todo, la camaradería y la disciplina que acreditan a la academia como de las más importantes en su especialidad del mapa de los Estados Unidos.

Allí, el joven cadete, vestido con su uniforme azul con botonadura de plata, se mostró feliz de encontrarse de nuevo con su padre, quien, por otro lado, siempre que puede se acerca a la academia, sobre todo si Rocío en ese momento está siendo sometida a tratamiento, y además, porque como él mismo ha asegurado, ‘me encanta hacerlo, porque creo que forma parte de mis obligaciones como padre el ocuparme de la educación de mis hijos personalmente’.

A José Ortega Cano le acompañaban en esta ocasión también las niñeras de sus hijos, y con ellas y con el pequeño cadete conoció clases, campos de deporte y entrenamiento, así como a los profesores y compañeros de José Fernando, que está creciendo rápido y bien, como quieren sus padres, que por eso lo tienen ahí, ya que desean para él lo mejor.

¡A sus órdenes!, dice el niño, y se lleva la mano a la sien, en un sincero saludo, no exento de porte militar y de cariño filial al mismo tiempo.
Pero no es posible asistir a un día como éste sin decirle a José Ortega Cano que está dando un ejemplo de fuerza y de amor, que un día de estos llamaríamos a su teléfono para que nos contase del estado de Rocío Jurado, su esposa. Forma parte de nuestra obligación como amigos y periodistas.

Por fin lo conseguimos. Es media tarde del lunes. Seis horas menos en Houston. Hablamos. No quiero añadir a esta conversación telefónica ni una palabra más de lo que hemos hablado. No hace falta.

—Matador, te llamo desde ¡HOLA!, en Madrid. Soy Tico Medina y quiero decirte que media España quiere saber cómo estáis, y sobre todo, cómo está Rocío, tu mujer. Los silencios son malos a veces, José, lo mejor es que me cuentes cómo va el combate.
Hace unos días se dijo: ‘Rocío y José luchan juntos’. Es cierto. Juntos y con fuerza. queremos mucho a Rocío Jurado y queremos saber cómo se encuentra. Eso es nada y eso es todo.

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