Antonia dell'Atte: "La sentencia me ha devuelto mi dignidad"

Algunas personas han hecho terapia escribiendo sobre aquello que les hizo daño. ¿Ha pensado en redactar sus memorias?
No, de momento, pero es mi vida y nadie mejor que yo para contarla. Podría decirse que la segunda parte de la terapia ha comenzado. Y que, socialmente, después de haber demostrado que nunca mentí sobre lo sucedido en mi matrimonio, me siento liberada. Lo siento por aquellos que no me creyeron y especularon con mi vida sin mostrar respeto alguno.

Aunque usted sepa cuál es su verdad, para los demás esta verdad se puede presentar con algunos interrogantes. Ante dos versiones tan distintas, es frecuente que las personas duden, que no tomen partido.
Estoy de acuerdo pero, ¿y a partir de ahora? ¿Cuál será la disculpa? ¿qué clase de tela de araña fabricará el señor Lequio para defenderse de la sentencia que le "condena"? Estamos hablando de justicia. Ya no se trata de lo que él diga o yo diga. No señores. La justicia se ha pronunciado con las pruebas aportadas y ni siquiera se han visto en la necesidad de llamar a los testigos a declarar. A esas personas que vieron más de una vez y de dos como Alessandro me recibía con su "liturgia amorosa"en el mismo parque a donde llevaba a Clemente para que jugara con otros niños.

Lo que viví entonces fue terrible. Bueno, entonces y después, porque los ataques contra mi persona se perpetuaron con el paso de los años. De hecho, cuando regreso a España en 1998 para presentar un programa de televisión descubro que Alessandro Lequio y la señorita Obregón siguen hablando de mí como de una mujer despechada y mentirosa que busca la fama apoyándome en ellos. También, cuando Ana Obregón se encarga de difundir que "Alessandro es un magnífico padre y a mí jamás me ha puesto la mano encima" cuando sabía desde mucho antes de quedarse embarazada que Alessandro Lequio era un hombre violento. Yo nunca mostré pruebas físicas de la violencia de Alessandro, pero sí las he presentado ante un Juzgado y ahí me han dado la razón. Así que, señorita Ana Obregón si no te ha pegado mejor para ti, pero no me vuelvas a llamar mentirosa. Has jugado mal las cartas, muy indignamente.

Y después de todo esto, ¿cómo interpreta que intentara saludarla públicamente hace algunas semanas?
Díganmelo ustedes. Pero una vez más, ella quedó como la buena que quiere la paz y yo como la mala que no se la doy. Tenía que haberse apartado, quedarse en un lado y decir que no sabía lo que yo había vivido y punto, pero de ahí a mentir.

Pero usted es de esas personas que dicen que hay que saber perdonar.
Muy bien, pues que diga en alto: "Quería ser condesa Lequio, la protagonista y no me porté bien con Antonia". Así de fácil. Es más, si no quiere hacer esto, también puede expiar su culpa teniendo un detalle con las víctimas de la violencia de género. Algo muy sencillo: donar todo el dinero que ha ganado promocionando su maravillosa relación con Lequio a alguna asociación, o casa de acogida.

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