Antonia dell'Atte: "La sentencia me ha devuelto mi dignidad"

"No he ganado ninguna guerra, sólo una pequeña batalla y esto no es ninguna victoria. El diablo no se rinde. Tengo que ser inteligente y no confiarme porque ahora es el momento de los últimos coletazos. La justicia me ha dado la razón y ha liberado la verdad que estaba dentro de mí, cómo un mal. No sé como explicarlo. Después de tanto tiempo, siento como si me hubieran extirpado un quiste que ha estado ahí durante años; como si la ha herida empezara a cicatrizar. Es duro y doloroso recordar lo que he vivido, pero la sentencia supone para mí una limpieza del alma.

Si se hubiera tratado de vengarme, seguramente mi reacción hubiera sido diferente. Pero no es así. Al igual que el odio, la venganza no forma parte de mi vocabulario. Sabiendo quién era y de dónde venía, el señor Lequio se imaginó como un dios intocable, pero como todos los ídolos de barro él también cometió un gran error: llevarme a los tribunales acusándome de calumnia por haber dicho públicamente que era un maltratador. Finalmente, y después de tanto dolor, se ha hecho justicia".

Según usted se ha hecho justicia, pero son muchas las personas que creen que tendrá que seguir batiéndose en duelo contra el señor Lequio.
Yo lo único que sé es que el juzgado número 35 de Madrid ha dicho su última palabra y que el señor Lequio no podrá burlarse de la justicia ni manipular una sentencia dictada a mi favor. Esta guerra ya no es entre él y yo. Si yo no hubiera tenido las cartas, los testimonios en los que él reconoce haberme maltratado, él se hubiera salido con la suya, victorioso, y yo hubiera sido acusada de calumnia. Es para volverse loca. Porque díganme, ¿qué mal he hecho yo, a parte de defenderme?

O disimula usted muy bien o es muy cierto que no está especialmente feliz.
Desde hace algunos días vivo en un difícil equilibrio. Por un lado, me siento contenta porque, después de tanto tiempo, se ha hecho justicia conmigo. Por otro, sin embargo, estoy triste y no puedo dejar de llorar. El proceso ha sido tremendamente doloroso. Ahora, necesito recomponerme. Me lo merezco.

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