El doctor Iglesias Puga y su esposa, fotografiados por primera vez con su hijo

—Eso suena un poco a egoísmo.
Entiéndeme. No la necesito para que me cuide o algo así. Mujeres que me atiendan puede haber muchas. Las que quieras. Por dinero o por hacerse famosas, porque puedo darles postín. Las tendría hasta de veinticinco años. Ronna es para mí el verdadero cariño. El enamoramiento se pasa; el querer es dialogar, aguantarse... Eso sí que dura y es consistente.

’He ganado dinero con los ladrillos’
—¿Ha ganado usted dinero ejerciendo la medicina, doctor?
Yo jamás he ejercido la medicina privada, nunca he tenido clínica propia, aunque mi estatus social era levado. Trabajaba para la Seguridad Social, la Beneficencia, y he operado gratis a muchísima gente. Podría haber ganado muchísimo dinero, pero no quise hacerlo como médico. Cuando empezamos a veranear en Peñíscola, porque mi mujer encontraba fría Galicia, compré algún terreno y los vendí después muy bien. He ganado dinero con los ladrillos, como dice mi hijo.

—Así que es usted un buen partido.
Menos que mis hijos, que han sido mucho más inteligentes que yo y son más ricos. Pero se portan muy bien conmigo, aunque menos de lo que yo hacía con mi padre. La preciosa casa que tengo en Jacksonville me la regaló mi hijo Julio; claro que yo también he estado treinta años a su lado haciendo de padre, de suegro, ayudándole en sus cosas privadas. Pero son mis hijos y me siento muy orgulloso de ellos.

En el Baptist Hospital de Jacksonville
A las tres y treinta y ocho minutos de la tarde del pasado 18 de mayo nacía en el Baptist Hospital de Jacksonville (Florida) Jaime Nathaniel, el tercer hijo del doctor Iglesias Puga, que es, a la vez, el primero de su unión con la que es su segunda esposa, Ronna Keitt, una mujer de formación universitaria y de una amplia cultura, de la que se enamoró en el inicio de los años noventa y con la que se casó en 2001. El doctor y su joven esposa llevaban bastante tiempo acariciando la idea de tener un hijo. Era un sueño que querían hacer realidad. Meses antes de que se produjera lo que para ellos era, a la vez que posible, como una especie de milagro, el doctor Iglesias Puga reconocía que su esposa se estaba sometiendo a un tratamiento de fertilización, que se llevó a cabo en Madrid.

Son quince los años que llevan de unión el doctor y Ronna y, hace muy pocos, cuando le preguntábamos a él qué le hubiera gustado conseguir en la vida, nos respondía: ‘Me hubiera gustado tener hijos con Ronna. Me hubiese encantado; de momento no es así..., pero creo que sólo de momento. Y Dios quiera que aún pueda ocurrir’. Y, sencillamente ,y felicísimamente para la pareja, ocurrió. El gran sueño de Ronna, una joven ejemplo de discreción, y que ha sabido mantenerse siempre en segundo plano, dedicada por entero ,y sin pretender tener protagonismo alguno, al hombre del que se había enamorado, sinceramente se cumplió y hoy es el milagro de un bebé sano, feliz, que sonríe mucho y que apenas llora.

Se conocieron en Madrid, el año 1990. El doctor la vio pasar con una amiga e invitó a las dos a tomar café. De aquél momento, el doctor Julio Iglesias Puga recordaría después: ‘Fue así como empezó todo. Ronna me gustó desde el primer momento que la vi. Son, efectivamente, casualidades de la vida. Hoy ella es la mujer que me hace feliz. Puedo decir que todo lo que necesitaba y buscaba lo he encontrado en Ronna. Y estoy encantado porque sé que he elegido bien’.

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