El emotivo recibimiento a Rocío Jurado en Miami por su hijo José Fernando

Ninguna medicina que cure más, que ayude a sanar más rápido, que una buena noticia, que una alegría para un enfermo. Por eso, después de un viaje largo, Madrid- Miami en avión, en el que Rocío intentó dormir, y, sobre todo, recordó tanto —el afecto, el cariño de los suyos y los periodistas—, siempre cerca su marido, José Ortega Cano. Lo cierto es que no esperaba lo que inmediatamente habría de vivir. Porque en el aeropuerto de Miami, donde además Rocío y José tienen casa, que es una hermosa casa, en la que viven desde hace años y donde tienen numerosos amigos y admiradores, le esperaba, sin que ella lo supiera, su hijo, José Fernando, que allí estudia, desde hace unas semanas, un curso en régimen de internado, en un colegio privado de gran importancia.

En efecto, allí, entre el aplauso de los que inmediatamente la reconocieron —porque además Rocío, aunque lo desee, no puede pasar inadvertida—, estaba José Fernando, con un monumental ramo de flores, sobre todo rosas rojas que tanto gustan a Rocío, con los colores de la bandera española en el tallo, y un gran globo en forma de corazón, en el que se leía claramente: «Happy birthday». Porque era ése precisamente el día en que la cantante cumplía sesenta años. Lo había celebrado en un continente y poco después en otro. Ninguna felicitación de aniversario mejor que ésa para Rocío Jurado. José estaba en el secreto; es más, lo había preparado en silencio y en la distancia.

Abrazos de las «fans», fotografías, autógrafos incluso, pero, sobre todo, más que nada, el saludo emocionado, emocionante, del pequeño. Lágrimas, de nuevo, en los ojos, ocultos tras las gafas negras, de la de Chipiona. Alegría y emoción. A José Fernando ya se le notaban los escasos días de colegio. Venía de uniforme, pantalón oscuro, camisa blanca, y en el pecho su nombre de pila: «Fernando». En una pancarta cercana que se veía muy bien, el saludo de la calle: «Feliz cumpleaños, Rocío. Miami te quiere». Y un suspiro profundo de la Jurado, apretando a su hijo contra su corazón: —Yo también quiero a Miami.

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