Una novia 'Art-Decó' con joyas de incalculable valor

Había emoción en el rostro de Laura a su llegada a la iglesia. Sin perder la sonrisa, hermosa en ese hermoso vestido obra de su gran amigo, Miguel Palacio, confidente de muchas cosas durante estos últimos meses, como también lo han sido Jorge Varela y Luis Gallussi, autores del espectáculo decorativo que se viviría horas después en El Esquileo donde se celebró el banquete nupcial.

Un traje que Miguel y Laura han llevado a buen término juntos, pespunte a pespunte, hilván a hilván, compartiendo muchas horas de vuelo a Milán, donde se buscó y encontró la tela. El vestido era de inspiración años veinte y completamente Art Decó, en color nácar, de manga larga y cuello caja realizado en mousselina de seda. Un cordón en pailletes rodeaba la cadera de la modelo, casi a modo de cinturón, y recorría la espalda hasta formar una lazada.

Mantilla de la familia Ceballos-Escalera, abanico-joya de Loewe,...
La mantilla de encaje de Bruselas pertenecía a los marqueses de Miranda de Ebro, familia Ceballos-Escalera, que se lo había prestado a Laura para la ocasión. Laura lo lucía como se llevaba en los años veinte, cubriéndole completamente la frente y sujeto con la diadema de brillantes y zafiros que la infanta Pilar le prestó para la ocasión.

Es la misma diadema que Bárbara Cano, esposa de Bruno Gómez-Acebo, llevó el día de su enlace, del que el próximo mes se cumplirá su segundo aniversario de boda. Laura, sin embargo, se la colocó de un modo muy original ya que las piedras iban hacia abajo.

El velo cubría el recogido bajo con el que Leonardo la había peinado. Del maquillaje se ocupó Fernando Torrent Cuesta. Nuevo era también el abanico-joya que llevaba la novia, regalo de Loewe. Una pieza de inspiración Art Decó y realizado en la madera de Granadillo importada expresamente desde Mozambique. Una pequeña obra de arte por el trabajo de marquetería en las caberas, por el corte, el montaje, el pegado y la realización del abanico en el que las caberas tienen la parte más exclusiva de la piel de raya incrustada y están delimitadas por un filete de plata.

Además, se ha utilizado mousselina de seda del traje de Laura en tres trozos para crear un juego de transparencias. Una pulsera de plata, zafiros y cuarzo de aires geométricos realizado en exclusiva para Laura remata el abanico. Las piedras, del joyero Arsenio Díaz, se escogieron coordinadas con la diadema de la novia y el cuarzo transparente como mensaje de felicidad a los prometidos.

Los pendientes, que apenas se veían bajo el velo, son de la familia Ponte-Martínez. Laura llevaba también su anillo de prometida, una joya histórica que pertenecía a doña Pilar y que se le regaló el día de su petición de mano. El anillo está formado por un zafiro rodeado de brillantes.

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