El retablo mayor, ricamente ornamentado con mármoles y bronces, está presidido por la obra ‘La Santísima Trinidad y la Virgen adorados por los santos Felipe, Isabel, Luis de Francia, Fernando, Carlos Borromeo, Antonio y Teresa de Jesús’ y frente a este retablo se encuentra la Tribuna Real, que no fue utilizada por los Reyes en la boda de Beltrán y Laura, y que está situada sobre el coro.

No es, sin embargo, la Colegiata lo que da la fama al Real Sitio, sino sus magníficos jardines, de estilo versallesco, con fuentes de agua y esculturas como grandes protagonistas. El monarca deseaba que los jardines tuvieran más importancia que el propio palacio y para ello se proyectó que ocuparan ciento cuarenta y seis hectáreas de las que sesenta y siente son auténticos bosques.

El ingeniero Merchán se encargó de los planos mientras que los franceses (no en vano el gusto francés era el imperante en la época) Botelou y Carlier se encargaron de los jardines. El jardín diseñado por el maestro Carlier está dispuesto en cuatro ejes: El bosquete de Eolo, La Cascada Principal, la Carrera de Caballos y La Ría.

Fuentes y esculturas
Las fuentes, los grupos escultóricos y las estatuas realizadas por Thierry, Demandré, Pitué, Fermín y Bousseau dan esplendor a los jardines. Muy espectacular es el lago llamado el Mar, que recibe su caudal de los montes cercanos y del que se nutren las fuentes. Hay que señalar que la abundancia de agua en esta zona de la sierra norte de Guadarrama fue uno de los mayores atractivos para el rey Felipe V. La riqueza de la naturaleza de la zona se completó con diversas especies de árboles traídas de diferentes lugares y países como cedros, tilos, arces, castaños de indias y sequoias.

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