Belén Ordoñez habla por primera vez de la muerte de su hermana Carmen

Nació, como su hermana, en la alta cuna de unos apellidos (Ordóñez-Dominguín) taurinamente ilustres. Lo tuvo —las dos lo tuvieron— todo: dinero y fama. Y, en ocasiones, tanto ella como su hermana también fueron, además de admiradas,envidiadas.
Sin embargo, el traqueteo de los días las fue subiendo, sin que ellas mismas se dieran cuenta, a un tren de incierto destino, que las ha llevado a no menos extraviadas estaciones de rupturas sentimentales, y de difíciles situaciones personales, hasta el punto de que, en ocasiones, las dejaron prácticamente abandonadas en una especie de vía muerta.

Ella estuvo al borde de decirle adiós a la vida cuando el zarpazo del cáncer se cebó con fiereza en su sistema linfático; y su hermana se fue en la madrugada del viernes 23 de julio, dejándola sola, dejándola, como nos dice, ‘en la mitad de lo que hasta ahora yo era, porque la otra mitad se me ha ido’.
Y tan sólo le queda una única luz a la que asirse: su hija; una luz que, desde ahora, avivan también sus sobrinos, muy especialmente, Francisco Rivera, que cuando llama, le dice: ‘Yo soy ahora tu hijo mayor’.

Es Belén Ordóñez, la hermana de Carmina, y la última persona que habló con ella la noche de su muerte. Es Belén, y quiere hablar, porque es quien mejor la conoció. Quiere, excepcionalmente, responder a nuestras preguntas, contando detalles desconocidos —incluso desconocidos también por quienes fueron sus maridos— de cómo era, pensaba y sentía Carmen y explicando asimismo cómo era la relación entre ambas.
Es Belén, que, tras denunciar el acoso al que Carmina se sintió sometida los últimos años de su vida por quienes ni incluso muerta la quieren dejar en paz, pide respeto para un ser que ya se ha ido para siempre, a la vez que suplica que la dejen ya, de una vez por todas, descansar.

ENTRE SUSPIROS Y LAGRIMAS
Entre dolor y suspiros, entre temblor y palabras humedecidas por las lágrimas, Belén, la otra Ordóñez hoy, por desgracia, la única superviviente, responde a nuestras preguntas en Marrakech, la ciudad que Carmen tanto amó y en la que vivió durante nueve años, la ciudad que es radiante recuerdo de un pasado imperial.
—Hablo con vosotros porque sois, desde siempre, mis amigos y porque el fundador de ¡HOLA!, un gran señor llamado Antonio Sánchez Gómez, era, como mi padre, de Ronda.

—¿Cómo estás?
—Estoy. Simplemente estoy. Físicamente me encuentro algo mejor, he engordado algo (me había quedado muy delgada y muy mal). Pero moralmente sigo estando destrozada, me siento partida en dos... y sin la otra parte: se me ha ido mi mitad, que era ella, y me he quedado pues... Rompe a llorar. Y tras rehacerse a duras penas, prosigue: Ahora soy tan sólo... una mitad nada más.

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