Carla siempre habla con cariño y admiración de sus padres: "Mi familia podría definirse como unida y trabajadora. Mi madre es una mujer trabajadora con estilo joven que siempre intenta compaginar el trabajo con la familia. Mi padre —continuaba— es un señor con mucha mano para los niños. Dispone de una paciencia inagotable para aguantar a tres mujeres en casa. Es comprensivo y sabe escuchar".

La religión forma parte de su vida desde bien pequeña: "Dios marca el destino de las personas", reconocía. A Carla le mueven los valores de la honestidad, la generosidad y el respeto a los demás; le gusta vestir de sport, no soportaría en un hombre que fuera violento, egoísta, prepotente e infiel y le gusta que le regalen flores, ropa, libros y discos.

Carla es una mujer seria, responsable y obstinada. Su punto débil es dormir: «Me encanta y si alguien me despierta me pongo de muy mal humor». Hace tan sólo dos años, a Carla no le daba ningún reparo reconocer que "nunca había estado enamorada" y que tenía claro que "los príncipes azules no existen".

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