Carmen Janeiro, con moda joven llena de color para este verano

"Soy una mujer muy trabajadora, luchadora y feliz"

—¿Algún problema con tus compañeras?
—Nunca.
—Amigas, lo que se dice amigas...
—Con los dedos de la mano. Tengo mis amigos de siempre, los de toda mi vida, con los que yo he estudiado.
—Me refería a amigas en tu profesión.
—Tengo conocidas de coincidir con ellas en desfiles. Eso de saludarte, hablar un poco... pero amigas íntimas, no.
—¿Y enemigas?
—Hombre, espero que no. Yo nunca he sido una mujer problemática, ni nada. Sólo intentaba hacer mi trabajo lo mejor posible, sin dar nunca problemas. Y si los había, pues solucionarlos cuanto antes.

«ME PONGO COLORADA COMO UN TOMATE»
—¿Qué no falta nunca en tu bolso?
—Mi móvil.
—Aparte del teléfono.
—Siempre llevo brillo para los labios, mi carterita, las llaves del coche. Conduzco desde los dieciocho años.
—¿El piropo más bonito que te han dicho?
—De esos hay muchos, hombre.
—Di sólo uno... Que se pueda contar, claro.
—Mira, me suelen decir siempre que en persona soy más guapa.
—En mi opinión, eso es un halago, no un piropo, Carmen.
—Yo qué sé... Te llegan a decir barbaridades. Por ejemplo, «estás de rechupete», «estás para mojar pan» o «¡quién fuera futbolista!».
—¿Reaccionas con vergüenza o con desparpajo?
—Me pongo colorada como un tomate. Lo paso fatal cuando me dicen cosas. Además, no importa que vayas con tu madre o con tu novio. Pero les sonrío, les doy las gracias y a veces les digo: «Guapo tú, chiquillo».
—La espontaneidad es una de tus bazas principales.
—Pues sí, porque intento mostrarme como yo soy y no tengo ningún problema en expresar a mi manera lo que pienso o lo que siento, con mi acento y mi forma de hablar. Soy andaluza de los pies a la cabeza, y lo llevo a gala.
—Hablemos de vacaciones.
—Estaré unos días con mi novio y después me iré con mis hermanos. Siempre hemos alquilado algo todos juntos y luego cada uno se mueve para donde quiera.
—Con tu novio, todo bien, ¿verdad?
—Bien, está bien.
—Dices un «bien» no con mucha gana, Carmen.
—Bueno, el chaval lo ha pasado muy mal porque le han tenido que operar de la rodilla tres veces en un año. Pero estamos muy bien. Le quiero mucho.
—Contigo parecen no existir las penas.
—Yo le tengo que animar, y si me tengo
que vestir de payaso para que él se ría y para que esté a gusto, lo haré. Nos queremos mucho. Nos lo hemos demostrado.

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