Carmen Janeiro, con moda joven llena de color para este verano

"Soy una mujer muy trabajadora, luchadora y feliz"

—¿Recuerdas tu primer desfile? —Por supuesto que sí. Fue para Petro Valverde, y lo pasé francamente mal. Aparte de los nervios al ser mi primer desfile, vinieron a verme mis padres, y a mi padre jamás le dije que estaba trabajando en una agencia. Entonces, claro, imagínate tú. A mi padre le dije que se trataba de una cena benéfica a la que me habían invitado, pero cuando me vio salir, y encima vestida de novia, recuerdo su mirada, ya que era el único al que veía.
—¿Cómo te sentiste sobre la pasarela? —Bien. Me sentía muy segura. En los instantes previos podía parecer algo nerviosa, pero cuando llegó el momento de salir a desfilar, me dije: «Esto me lo tengo que comer yo con patatas».
—En aquella época te operaste la nariz.
—Sí, me operé. Y lo hice simplemente porque me lo aconsejaron y no porque estuviese acomplejada o me sintiese insegura. Estoy muy contenta de haberlo hecho. ¿Sabes?, muchas veces pienso que, en vez de veintiocho años, tengo veinte o veintiuno, porque, y a pesar de haber podido madurar más y tener mayor experiencia, es como si no hubiese evolucionado, porque mis planteamientos de vida y mi personalidad son los mismos que entonces. Continúo manteniendo mis mismas amistades y me muevo en los mismos círculos, con lo cual, no sé, no encuentro esa diferencia, ¿no?

—¿Con qué ropa te encuentras más segura? —Con vaqueros. También me gustan mucho los bañadores. Me da igual que sea un biquini, un triquini o un traje de baño.
—Tienes alma de sirena, ¿o qué? —Puede ser, puede ser... Digo que hay que enseñar el cuerpo ahora que se puede, hombre.
—Tú que puedes.
—Me gusta. Sin embargo, nunca me ha gustado vestirme de novia. Quizá sea porque debuté así vestida, y le tengo como pánico.
—Pues imagínate entonces en ropa interior.
—Me encanta. No me molesta para nada.
—A pesar de todo, en algún momento puedes llegar a pensar: «Tierra, trágame ».
—Normalmente, lo primero que suelo hacer es entrar siempre a la pasarela con la pierna derecha; luego levanto la vista, la mantengo a media altura y para adelante. Nunca hay que pensar que están mirando. Es igual que cuando estás en televisión, que nunca piensas que hay miles de personas mirándote, ¿no?
—¿Qué es lo más duro que has escuchado de las demás modelos?
—Intrusista,... De todo.
—¿Respondías a esos comentarios?
—Les decía que yo había hecho lo mismo que ellas, es decir, trabajar en una agencia haciendo desfiles por diez mil pesetas, como todo el mundo que empieza en esto. Me dolía mucho que me dijesen aquello, porque yo no tengo culpa de tener en casa a una persona famosa, como era y es mi hermano, a quien agradezco muchísimo todo lo que me ha ayudado.

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