Carmen Janeiro, con moda joven llena de color para este verano

Soy una mujer muy trabajadora, luchadora y feliz

Tras haber mantenido una conversación con Carmen Janeiro durante algunos minutos, una sensación de optimismo te recorre el cuerpo. Siempre. Ese «nunca-pasa-nada», aunque las cosas vengan torcidas —que no es el caso ahora—, colorea sus palabras. Sazona su ánimo. Ella es así. Ríe en situaciones en las que para otros tocaría lloros. Tiene soltura y desparpajo ante la vida y ante las cámaras. También raza y fuerza. Jesulín, su hermano, lo recuerda muy a menudo.
—¿Cómo es la Carmen de dos mil cuatro, de este verano?
—Primero, trabajadora, muy trabajadora. También luchadora y feliz.
—¿Esa actitud te viene desde pequeña o, de alguna forma, la vida te ha hecho poco a poco luchadora?
—En mi caso, llegó un momento en el que quería trabajar y luchar para poder independizarme, porque yo pasaba de vivir de mis padres y de mis hermanos.
—Y entraste en el mundo de la moda. ¿Casualidad?
—Casualidad. Cuando terminé COU me tuve que ir a Sevilla a estudiar. Vivía en un piso con cuatro amigas, y yo me pagaba las sesenta mil pesetas al mes que me costaba la academia de modelos donde iba a aprender. Aunque yo no quería, mis padres me ayudaban un poco, hasta que un día decidí ir a una agencia para comenzar a trabajar. De esa forma, desfilando, pude acabar mis estudios de modelo.
—Pero te había gustado siempre eso, ¿o no?
—Desde pequeñita. Tengo fotos desfilando en casa. No sé, podría tener cuatro o cinco años.
—¿Qué hubiera sido de tu vida de no haberte marchado de Ubrique?
—No me lo planteo, porque yo habría salido seguro. Allí no puedes hacer una carrera, por ejemplo.

—Porque te costó mucho hacerte un nombre en la moda.
—Tela, tela, tela... Primero, porque venía marcada por mi familia, por mi hermano, que fue mi trampolín. Esto me ayudó muchísimo, ya que soy la hermana de una persona famosa.
—Tenías el hierro de los Janeiro.
—Pues sí, como las ganaderías (risas). Al principio, todo es de color de rosa, porque todo el mundo te trata muy bien y hablan de ti, pero luego es una cruz que no veas, pero no por mi hermano o por mi familia, sino que todo lo tienes que hacer tres veces mejor que nadie.

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