El cambio de Chelsea Clinton

Cuando su padre, Bill Clinton, fue elegido presidente de los Estados Unidos, Chelsea tenía doce años. Desde entonces, aquella niña -más parecida físicamente a su madre, Hillary- se convirtió en centro de la atención pública. Los primeros años, sus padres hicieron todo lo posible para preservar su intimidad. Chelsea ni siquiera estuvo en las fotografías oficiales de Navidad. Tres años después, con quince de edad, la joven empezó a acompañar a sus padres en algunos viajes oficiales por el extranjero y allí se dio a conocer a la joven Clinton.

Chelsea, tan inteligente como sus padres, estudió en la Universidad de Stanford y después se trasladó a Oxford, como en sus años de estudiante había hecho su padre. Fue entonces cuando llegó su gran cambio. La jovencita de aspecto adolescente y descuidado se dejó conquistar en Europa por la moda y, de la mano de Donatella Versace se dejó ver la nueva Chelsea. Más coqueta, con un moderno corte de pelo, maquillaje y vestida con ropa de firma.

Acompañada de su novio, Ian Klause, comenzó a frecuentar estrenos de cine, fiestas y desfiles de moda. Poco después llegó su traslado a Nueva York para trabajar en la consultora McKinsey y Chelsea no ha olvidado su cambio europeo. Vive en Tribeca, una de las zonas más de moda de la Gran Manzana, y continúa manteniendo el estilo que ‘descubrió’ en el viejo continente.

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