María Sharapova: De niña de Chernobyl a reina de Wimbledon

El camino recorrido por la nueva joya del tenis ha sido demasiado duro como para rendirse en una final y no con cualquier título por medio, nada menos que un Grand Slam, Wimbledon, su torneo favorito. Pero llegar hasta aquí no ha sido ni mucho menos algo sencillo.

Sus padres, Yuri y Yelena vivía en Gomel, Bielorrusia, no muy lejos de Chernobyl, cuyo desgraciado accidente nuclear ocurrió durante el embarazo de Yelena. Preocupados por la salud del bebé que iban a tener, la familia no lo dudó un momento y se desplazaron a Siberia. Yuri se esforzaba en ofrecer lo mejor a su familia, asolada por la penuria económica. Poco podían imaginar, cuando la pequeña María cogió una raqueta de su padre, con apenas cinco años, que ella les iba a sacar de esa situación. Con siete años María participó en un torneo de exhibición en Moscú, nada más verla un mito del tenis, Martina Navratilova, aconsejó al matrimonio Sharapova que llevasen a su hija a la famosa academia Bollettieri, en Florida, Estados Unidos, y de donde habían salido figuras como: Andre Agassi, Mónica Seles, o su compatriota Anna Kournikova. Tenista con la que comparte más cosas en común de la que a Sharapova le gusta reconocer. La posibilidad de un viaje a América, suponía nuevos sacrificios para su familia, que consiguió lo que parecía imposible.

Los inicios fueron muy difíciles. María se desplazó, junto a su padre, a un país extraño del que ninguno de los dos conocía nada, ni siquiera el idioma. Para la niña tenista fue muy duro. Durante los dos primeros años no vio a su madre y apenas podía estar con su padre, pues éste tenía que trabajar muchas horas para poder ir pagando los gastos de su hija.

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