Entrevista exclusiva con Antonia Dell'Atte: 'Junto a Alessandro Lecquio viví un infierno'

Ha pasado más de una década desde la ruptura de su matrimonio con Alessandro Lequio y desde que las infidelidades de su ex marido estallaran en el corazón de Madrid, salpicando a todos los implicados. Hoy, trece años después, todo se «reabre» a raíz de unas pasadas declaraciones de Antonia sobre presuntos malos tratos por parte de Alessandro, declaraciones por las que el conde Lequio ha demandado a su ex mujer, quien, a su vez, ahora vuelve a reafirmarse en lo dicho, añadiendo que espera ser reconfortada con esa justicia que «llega implacable» a través del tiempo. Antonia, que es en este momento la demandada, no la demandante, insiste aquí en que, sin vergüenza y sin miedo, y después de la desgracia de haber sido una mujer maltratada «también tiene derecho a volver a sonreír».

—Las acusaciones de maltrato que usted hace en esta entrevista llegan en un momento en el que, por desgracia, hay demasiadas mujeres hablando de «violencia de género». ¿Ha pensado en cómo puede interpretarse que usted se decida a hablar de este aspecto tan oscuro de su vida después de tantos años?
—Mis acusaciones no son nuevas. Llevo años diciendo públicamente que Alessandro Lequio, mi ex marido, es un maltratador y que junto a él viví un auténtico infierno… Que era una prisionera en mi casa y que estaba siempre atemorizada. Es duro salir de un infierno. Cuando te libras de tu maltratador, te sientes libre. Pero no fue así, al menos en lo que respecta a que se me dejase vivir tranquila y en paz.
—Cuando dice que sus acusaciones no son nuevas, ¿qué es lo que quiere dar a entender?
—La primera vez que hablé de malos tratos públicamente fue hace cuatro años, que fue el momento en el que reuní fuerzas para hacerlo. Pero todo se quedó ahí, porque, según la ley, los hechos habían prescrito. Fue a raíz de un comentario en televisión —creo recordar que se le preguntó cómo se sentía un padre que pega a la madre de su hijo— cuando, después de ver cómo el señor Lequio se erigía en defensor de las mujeres maltratadas y hablaba impunemente sobre mí, lo denuncié públicamente.
—Acusaciones a las que Alessandro Lequio respondió interponiéndole a usted una demanda por calumnias…
—Sí, y fue precisamente su demanda la que me dio la oportunidad de aportar pruebas que lo inculpan. ¿Cuántas mujeres tienen pruebas de los malos tratos? ¿Acaso se producen públicamente? La verdad es que no. Es difícil tener pruebas, pero aun así yo las tengo.
—¿A qué tipo de pruebas se refiere?
—A pruebas determinantes, de esas en las que no hay espacio para las dudas ni las interrogaciones.
—Entonces, ¿no hay ninguna relación entre las acusaciones que usted hace y lo que diría una mujer despechada?
—En absoluto, aunque esto mismo es lo que él ha intentado que pareciera a lo largo de todos estos años. Lequio me ha hecho pasar por una mujer despechada y rencorosa, por una esposa incapaz de resignarse a la idea de haber sido abandonada, sustituida por otra. Pero la realidad, por desgracia, siempre ha sido muy distinta. Vivía sin encontrar una salida y rezaba a Dios para que me lo quitase de en medio. Por nada del mundo, él me hubiera dejado en libertad. Un día, por fin, la salida llegó de la mano de una mujer a la que, aunque no lo haya desmostrado jamás, estaré eternamente agradecida.

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