Paloma Lago y Álvaro Bultó: 'Nos casamos el próximo octubre'

’Lo meditas más’
—En principio,no debe ser fácil enamorarse una segunda vez en la vida,aunque,por otra parte,suele ser algo,a la postre,más meditado,más profundo,¿no crees?
—Estoy de acuerdo en que no es fácil y,por otro lado,lo meditas más. Con veintitrés años no piensas en lo que puede ocurrir mañana ni en las responsabilidades que asumes;con treinta y siete,que son los que ahora tengo,es distinto:has pasado por una experiencia que,quieras o no, te ha dejado huella y afrontas las situaciones de la vida no sólo con el corazón,sino también con mucha cabeza.Por otra parte,un tropezón —si así queremos definir una ruptura matrimonial —,aunque sea algo que nadie desea,puede y debe servirte de algo positivo si te ayuda a mirar con lupa las nuevas situaciones que forman parte de tu vida.Y ciertamente debes mirarlas con lupa,porque son para toda la vida,y es una responsabilidad grande,ya que implicas a otros, no sólo a ti.
—Tú,en este caso,implicas también a tu hijo.
—A él me estaba refiriendo.A mi hijo,Javi,que cumple ocho años en agosto.
—Eres una mujer divorciada y,sin embargo,has llevado con Alvaro un noviazgo muy a lo clásico en el sentido de que cada cual vivía —y sigue viviendo — en su casa..¿Por qué?
—Ser divorciada no implica que todo el monte sea orégano.Nosotros no nos pusimos a vivir bajo el mismo techo.Hemos hecho,eso sí,muchos planes juntos,hemos pasado temporadas en Baqueira, a la vez que hemos organizado nuestros veraneos bien en Galicia,bien en las Baleares,pero él tenía su casa en Barcelona y yo la mía en Madrid.
Del cero al infinito
—Os vais a casar: esa es la noticia. Pero vosotros habíais pasado hace poco por una crisis, un distanciamiento...
—Ni crisis ni distanciamiento: simple y llanamente...habíamos roto. Así como suena.
—Explícanoslo un poco más y mejor,Paloma.
—Desde hace tiempo veníamos haciendo nuestros planes y estábamos ilusionados con nuestro futuro.Pero llegó un momento en que debíamos tomar decisiones y entonces la situación se estancó, los proyectos se pararon y todo terminó.
—¿Cuándo fue eso?
—Exactamente,el martes trece de abril.Esa fecha de la que tantos,al parecer,huyen,aunque nosotros no somos,por cierto,nada supersticiosos. Repito que no fue distanciamiento,sino...ruptura total,aunque,en realidad,sólo duró dos semanas. Para nosotros todo se había acabado.
—Y de pronto pasáis del cero al infinito.
—Completamente.

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