'Mis dos vidas', memorias de María Teresa Campos

Fui educada para ser una señora de su casa, una mujer que debía entregarse por completo y en exclusividad a su marido y a sus hijos. La realidad fue bien diferente, porque el azar te lleva por otros caminos.Y a mí me arrastró. Me casé y fui madre. Pero ni el matrimonio fue para siempre ni mi exis- tencia se ha reducido a la familia como elemento único y definitivo. Por eso,no creo en el destino: pienso que uno mismo se hace su vida.No me gustaría que alguien supiera y decidiera lo que me va a ocurrir. Prefiero hablar del azar, que es aquello que hace que en un acto social,por ejemplo,te sienten en una mesa junto a una persona y no con otra.He tenido experiencias de ese tipo,como el hecho de haberme encontrado con un hombre en una carretera después de estropearse el coche en el que yo viajaba.Era un desconocido que detuvo su vehículo para auxiliarnos y se quedó esperando a que llegara la grúa.En ese momento éramos dos extraños unidos por una simple casualidad.A partir de ese día,aquel hombre y yo compartiríamos catorce años de nuestra vida.Ninguno de los dos imaginaba entonces que el azar nos iba a colocar en el mismo camino.O, mejor dicho,en la misma carretera.(Se refiere la autora a Félix Arrechavaleta.)(...). Así,y tras destacar la importancia que para ella tuvo la concesión del Premio Ondas «en reconocimiento a la dignificación de la televisión popular »,habla María Teresa Campos en el inicio de sus Memorias bajo el título de «Mis dos vidas »,que,editadas por Planeta, salen a la venta el próximo 11 de mayo,y de las que ofrecemos aquí algunos de los momentos más inéditos y algunas de las vivencias más dramáticas, destacando que la popular directora y presentadora de «Día a día » divide su vida en dos partes (de ahí el citado título):La primera,desde su nacimiento en Málaga hasta su llegada a Madrid; la segunda,desde su llegada a la capital de España hasta el momento actual,tal y como ella misma explica:«Sé que no es una,sino dos; dos vidas separadas nítidamente como dos océanos,como aparecen separados los países en los mapas y el laberinto de huesos en una radiografía ».

La niña de la bomba
La primera vez que mi nombre apareció en los periódicos tenía poco más de cuatro años.No es un farol.Es una realidad dramática y uno de los primeros recuerdos, mal recuerdo,de mi vida.Ocurrió el 30 de noviembre de 1945 en Málaga. Antonio Rueda Morales,el chico de los recados del salón de limpiabotas de la calle de Santa Lucía,caminaba por el Pasillo de la Cárcel.Antonio,de catorce años,iría pensando en sus cosas cuando,de pronto,se encontró algo que le llamó la atención:una bola negra.Creyó que se trataba de una pelota e hizo lo que habría hecho cualquier chaval de su edad:la cogió.Cuando volvió al salón vio a un amigo,quiso jugar con él y se la tiró. La supuesta pelota cayó al suelo y en ese momento se produjo una fuerte explosión.El chico de los recados del salón de limpiabotas no estaba jugando,como creía,con un balón:jugaba con una bomba. Y allí,en ese instante,estaba yo, con algo más de cuatro años,a tan sólo cincuenta metros,cogida suavemente de la mano de mi tía Elvira, caminando en dirección a la casa de mi tía Amparo.El impacto alcanzó mi cuerpo,protegido contra el frío del invierno por un abriguito verde, insuficiente,desde luego,para evitar la cascada de metralla que me agujereaba la piel.

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