¡Adiós Mariam, adiós!

Reproducimos a continuación el emotivo artículo de Tico Medina sobre Mariam Suárez, que publica esta semana la revista '¡Hola!'.

La última vez que la vi, hace unas semanas, brillaban en la penumbra sus hermosos ojos. Fue ahí, en la casa de ¡HOLA, Iba cargada de papeles cuando me dijo en voz alta y segura:
—Te voy a pedir un favor, Tico. Reza por mí.
Jamás me lo había dicho hasta entonces, y el combate era largo, profundo, intenso, inmenso. Todos lo sabíamos, pero ella no quería que se le dieran, de su dolor, de su pelea, tres cuartos al pregonero. Todo lo que tenía que decir lo había dicho, y publicado —era una magnífica contadora de historias —, en sus páginas escritas. Yo mismo, aquel día con la infanta doña Pilar, la había presentado para recibir aquel premio, que me agradeció muchísimo.
A veces llegaban noticias de su combate en aquel cuerpo a cuerpo, intenso e inmenso, al que sobrevivía cada día, a cada hora, en cada instante. Su padre, el duque de Suárez, empezando a levantarse del dolor de su esposa, Amparo, a la que todos quisimos tanto, me contaba hace poco, al pie de las encinas del campo manchego, en un día de serenidad y de memoria:

—¿Mariam? Ya sabes, peleando siempre; -va mejor, pero no hay que bajar la guardia.
Nunca. Eso nunca. Aunque sabía que estaba habitada por lo «implacable ». Aunque si se la llamaba para una entrevista en la radio, en la tele, siempre era una referencia, un ejemplo a seguir, una madre en pie peleando con las armas de su serenidad. Su amor, su calor, su vida entera, madre y maestra, Mariam, ella lo eludía, con su palabra siempre entera.
—Pero si lo dije todo cuando publicamos el libro, Tico, ¿o es que no te acuerdas?

Se nos fue Mariam, domingo a mediodía, primavera adelantada en la calle. Los familiares y amigos cercanos —Adolfo, su hermano, por ejemplo —,aseguraron:
—Sin sufrir, despidiéndose de todos, igual que peleó los últimos diez años de su vida...,luchando hasta el último momento. La palabra era cáncer, que yo escribo poco y pronuncio menos. El día que tuve el honor, también el amor, de presentarla para aquel premio a la constancia —con la infanta doña Pilar, hermana del Rey, cerca, presidiendo —, me dio dos besos sonoros, de mejilla antigua, de madre joven, de agradecimiento verdadero. Once años peleando, Dios mío, en el dolor, en la flor de la vida, cuarenta y un años señor; así que vuelvo a buscar el libro dedicado, «Diagnóstico: cáncer. Mi lucha por la vida »,y lo repaso despacio en este lunes, que es además, también es casualidad, tal vez casualidad, el día de la mujer luchadora, de la mujer trabajadora. Como ella lo fue hasta el último momento.

—Y si hay que morir, pues se muere, pero se hace como debe ser, luchando.

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