Fernando Alonso: un día en la vida de un campeón de la Fórmula 1

Días antes de dar comienzo el Campeonato de Fórmula 1 en Australia, el famoso piloto español Fernando Alonso se trasladó desde Oxford, la ciudad del Reino Unido donde reside, hasta su Asturias natal para pasar unos días en compañía de su familia y sus amigos. Unas jornadas tranquilas, rodeado por los bellos parajes del Principado, antes de entrar de lleno en el Gran Circo con su nuevo coche de Renault, en el que tiene depositadas muchas esperanzas este año.

—Pero,¿quién es en realidad Fernando Alonso?
—Soy un chaval de veintidós años de Oviedo: sencillo, cariñoso, con una natural facilidad de palabra y con ideas claras sobre la vida, sobre mí mismo y mi profesión. Un deportista absolutamente enfocado en su presente, que es correr, correr y ganar.

—Lo mismo que muchos actores, que un día se miran al espejo y dicen eso de: "¡Mamá, quiero ser artista!", tú te levantaste una mañana y …
—No —sonríe —, pero, cuando nací, mi padre, que corría en karts, me construyó uno a mi medida. A los tres años ya conducía, pero no recuerdo nada de esa época, porque era muy pequeño. Luego,a los doce o trece años, para mí era normal ir al colegio y luego tener una carrera en el fin de semana. Pero no fue hasta los dieciséis o diecisiete años, que empecé a ganar algún dinero con los premios, cuando comencé a pensar que a lo mejor tenía facultades para esto.

Campeón del mundo de karts
¡Y tanto! Campeón de España de karts en el 94 y del mundo en el 96. Luego pasa Fórmula 3000,y a los dieciocho años, los cazatalentos de Fórmula 1 le echan el anzuelo. Primero entra en un equipo poco competitivo, Minardi, y por fin, en el 2002,con Renault. En el mundo del deporte es famosa la polémica que se organizó cuando Flavio Briatore, el director general del equipo, sustituyó al piloto titular y le colocó a la cabeza. Pensaron que se había vuelto loco. La temporada 2003, quedando el tercero en Malasia, ganando en Hungría y siendo el sexto del mundo en su primera temporada en los circuitos, demostró que no lo estaba. Simplemente, tuvo olfato, intuición y creyó en él.

—La suerte. Parece que es bastante importante para vosotros, y como claramente te acompaña, qué haces para atraerla?¿Llevas algún amuleto?
—¡Sí!¡Ja,ja! Pero lo dejo en la maleta o en el hotel, porque, obviamente, como el coche es tan pequeño, no cabe nada …

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