Mariam Suárez no ha muerto del todo. Su generosidad le llevó a escribir un libro Diagnóstico: cáncer. Mi lucha por la vida. Un libro que permanece y sirve de consuelo para muchos que, como ella, batallan día a día con la enfermedad. Y luchan. Porque Mariam Suárez fue una luchadora nata. Desde el día mismo del diagnóstico hasta su último adiós. Ella fue coherente, fuerte y con unas inmensas ganas por vivir y dar gracias por las grandes cosas de la vida.

La maternidad la hizo santa, y buena, y desbordantemente generosa. Por sus hijos lo dio todo. Y luchó contra viento y marea, contra diagnósticos y pocas esperanzas, por verles crecer un poco más, y un poco más. No quiso ser víctima; más bien defensora a ultranza de la vida. De esa vida que se le iba yendo de a poquito. Mariam Suárez se refugió en su familia. Y su familia vivió con ella cada paso. Lo vivieron unidos. Las recaídas y las remontadas. Tanto cariño la hizo componerse cuando más débil se sentía. Componerse y hacer gala de su fino sentido del humor, de su tierna mirada, para que los suyos no se pusieran tristes. Ni tristes ni serios. Porque la vida, la felicidad, era lo más valioso para esta gran mujer.

Más sobre

Regístrate para comentar