Bautizo de Julia, la hija de Jesulín de Ubrique y María José Campanario

- Jesús, empleando un símil taurino, en el día de hoy has cuajado una faena redonda: Bautizas a tu hija y tienes a toda tu familia a tu lado, así como a los amigos que siempre han estado contigo en lo bueno o en lo malo
-Me agrada mucho haber podido tener a toda mi familia porque todos estamos bastante dispersos por los trabajos y demás. Sólo falta mi hija Andrea que no ha podido venir, pero la llevo en mi corazón. Ella es la guinda que me ha faltado este día.
- Y encima tienes a tus padres a tu lado, aunque no sea un momento nada fácil.
- Mira, ni Julia ni yo tenemos la culpa de que un matrimonio se haya terminado, como les ha sucedido a mis padres, pero tanto mi padre como mi madre son los abuelos de mi hija y hoy tenían que estar los dos aquí.
- ¿ Vales para estar sólo?
- No lo creo porque la soledad es muy triste, sobre todo la del guerrero, que es lo que yo me considero y que debe ser muy mala. Por fortuna, en este momento de mi vida gozo del cariño de mi esposa y de mis hijas. Además, tal y como está la vida actualmente, puedo presumir de tener una mujer fabulosa por dentro y por fuera.
- Con los comentarios que ella ha tenido que leer y escuchar.
-María José se ha puesto una coraza muy grande, pero ha podido tener la ayuda de un gran maestro, como he sido yo, que le he aconsejado.
- También tú estás endurecido.
-Una de las cosas que nunca voy a perdonar es que desde que se conoció mi relación con María José no sé porqué demonios han ido a destruirnos. Y no saben que toda esa situación no ha hecho sino darnos más fortaleza. Hay gente que la tengo en la lista negra. No soy vengativo, ni rencoroso, pero no olvido ni perdono ciertas cosas. Mi mujer y yo hemos tenido que luchar contra corriente ya que parecía que el hecho de estar contentos, felices y enamorados, pues fastidiaba a determinado tipo de gente.

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