Manuel Benitez 'El Cordobés' a su hijo Julio: 'Si quieres ser torero tienes que ser el primero'

Y aquí estamos, en la casa de la «Tierna Alta», donde a veces sube Martina a cazar la perdiz, que es buena aficionada. La casa, limpia como los chorros del oro; la cal, todavía las flores de Pascua, que aquí el relente no mata, y vacas mansas y gordas, reses de carne, de cuernos como ramas de árboles, más de seiscientas, mientras los dos caminan por las veredas de la primera jara. La mañana huele a azahar y yo le recuerdo a «El Quinto Califa» aquello que un día le dije, cuando los dos empezábamos, en «Villalobillos»: —Manolo, qué bien suenan las espuelas sobre la tierra de uno.

«Hay que estar ágil y fuerte»
Pero ahora lleva el padre zapatillas de deporte, y el niño, que parece que tiene una cornada de espejo en la cara, los mismos ojos claros de la madre, zapatos de caminar por el asfalto. Se retratan entre las vacas; la tierra, hollada, negra; arriba, las águilas de la mañana; la capilla donde hizo la Primera Comunión, abierta de par en par, Ave María Purísima a la puerta; el muchacho, sin una gota de grasa en la cintura, como su padre. —Es que la cintura es la clave de la fuerza. Mira las hormigas, que ahí están llevando en volandas, con una cintura tan pequeña —por eso precisamente—, siempre el doble de peso de lo que ellas mismas pesan, que parece mentira. Hay que estar ágil, fuerte, que no te sobre cadera... Mucho gimnasio, largos silencios y largas palabras con el padre, mano a mano. En estos días vuelven a los tentaderos, que ya está preparada la reaparición con caballos en Palavás, en mayo, en Francia, que tienen una plaza muy bonita y que además se llama «Manuel Benítez El Cordobés», una plaza al lado de la mar, con muy buena afición... Ya le están haciendo el traje y será una buena historia que contar en su día. Ahí estaremos, que no le vamos a perder de vista, y ahora vacas bravas, y muñeca —«mira qué muñeca tiene el chico, igualita que la de su padre»— ancha y poderosa, para templar y mandar. Fotos de toros en las paredes, muebles de madera de olivo, huevos fritos en la mesa del piso de arriba, trofeos de caza, cuadros de perros de Azuaga, sombreros, buen gusto y pastel cordobés, del que tanto le gustaba a Manolete, para terminar.

Más sobre

Regístrate para comentar