Carmen Janeiro con dureza y claridad

—Fuiste muy clara.
—Y, oye,me lo negaba.«Pero, papá,si te he visto en la "tele " con una tía ».Y me decía que no. Hasta que ya, claro, empiezan las discusiones y acabamos peleándonos. Mira, mi padre no se va a quedar en la calle porque aquí tiene su vida, pero creo que sabe que lo que está haciendo no está bien. Es una persona que vive sólo para él. Los demás le damos igual. Aparte, mi padre dice que tenemos que trabajar y ganarnos la vida nosotros mismos.

—Lógico,¿no?
—No, si me parece bien. Además, mis hermanos lo han hecho y yo también. Cada uno tenemos nuestra vida individual, pero no puedo ver sufrir de esa manera a mi madre, porque un día se me va a morir. Me da mucha lástima. Pienso que mis hermanos son los que tendrían que haber dado la cara en este asunto, pero bueno. Yo soy la única mujer y siempre tengo que estar peleando, porque mi madre se desahoga contándome las cosas.

—Dijiste no hace mucho tiempo una frase muy graciosa: que había alguien nominado en la finca, pero que nunca salía.
—¡Qué va! La nominación es perenne, como la hoja del pino, chiquillo.¡De «Ambiciones» no sale ni Dios!

«Hubiera actuado igual si hubiera sido mi madre»
—Estará la sentencia recurrida.
—Sí, se recurrió. En enero se celebrará otro juicio. Pero a mi padre se le dijo que tenía que abandonar la finca y no lo ha hecho. Y aquí sigue.

—¿Cómo se encuentra tu madre?
—Poco a poco, va saliendo para adelante, con mi ayuda y la de sus amigas. La pobre. Fíjate en la humillación de la que ha sido objeto delante de todo un país. Aunque entiendo que la gente se pitorree después de todo lo que ha hecho y está haciendo mi padre. Se lo cuento a alguien y no se lo cree nadie.

—La verdad es que, de una forma u otra, cada semana se habla de vosotros.
—Pero si es muy simple:«Papá, si quieres estar con esa persona, o con veinte, pues vete, nosotros te respetamos. Yo voy a seguir siendo tu hija, voy a quererte mucho y voy a ir a verte, pero entiende que no puedes estar con veinte pitorreándote de mi madre y luego venir aquí. Hombre,¿eso qué es?».Te voy a decir una cosa: haría lo mismo si hubiera sido mi madre la liante de todo esto.

«Mi padre ya no estra donde estamos nosotros»
—Tu padre entra y sale de la casa constantemente.
—Sí, pero ya no entra donde estamos nosotros, donde está mi madre. Y yo le digo a mi padre:«Papá, si tú tienes otra casa,¿por qué no te vas?¿Es que tú tienes que estar aquí fastidiando la marrana también?».

—Tu padre ha dicho claramente que «Ambiciones» es su casa..
—Eso dice. Que puede tener veinte casas, pero que de aquí no le echan porque él ha construido la finca y ha peleado mucho por tenerla. Y yo le respondo:«Sí, pero, igual que tú has luchado para hacerla, lo has tirado todo muy fácil, y eso no puede ser».¿Tú te crees ahora todo el montaje, todos esos rollos? De risa. Me parece patético por parte de las personas que se prestan a eso. Y no lo digo sólo por mi padre, cuya forma de actuar no tiene explicación, sino por las chicas de mi edad que intervienen en todo eso. Con lo estupendo que es tener un trabajo.

—Tu padre aparece siempre muy sonriente, Carmen.
—Sí, pero creo que se ha dado cuenta de que ha metido la pata y, a lo mejor por orgullo, no es capaz de dar marcha atrás.

«Yo siempre he sido su ojito derecho»
—¿Quieres dar a entender que a lo mejor se ha metido en una espiral de la que no sabe salir?
—Pienso que sí. Mi padre es una persona con un pronto y un carácter muy fuertes, pero luego haces con él lo que quieres. Yo siempre he sido su ojito derecho. Recuerdo que de pequeña decía:«Quiero más a mi padre que a mi madre».

—¿Y de mayor,Carmen?
—Hombre, yo quiero a mi padre y en la calle no se va a quedar, a pesar de decir que ya no existimos para él y que no tenemos que hablar nada de él. Todo esto viene de una pelea que yo tuve con él, hace dos meses o tres, bastante dura. Le dije todo lo que yo pensaba. Desde entonces es cuando me dijo que no fuera más arriba.

—Vaya situación.
—Entonces le dije:«Yo no necesito que nadie me eche. Me voy sola, pero que sepas que esto es así, así y así, y un día me darás la razón. Sé que tú sabes que llevo razón, pero no lo quieres reconocer. Me voy, pero no se te vaya a ocurrir decirle nada a mi madre».

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