Exclusiva: Blanca Romero y Cayetano Rivera: 'Ya estamos bien'

Blanca Romero y Cayetano Rivera, que los pasados meses, según se ha informado, han atravesado por una crisis y una serie de altibajos en su relación de pareja, ya tienen nuevamente, según nos dicen, las cosas claras: se quieren y creen que su amor es la garantía para superar sus dificultades. Hace unos días, Cayetano y Blanca han viajado a la romántica localidad brasileña de Itacaré, donde, en un entorno casi idílico, han revivido, de alguna manera, el idilio que un día les llevó a iniciar una vida en común, casándose poco después —en septiembre de 2001 — en la iglesia de San Pedro,de Gijón.

En este reportaje, Blanca y Cayetano nos hablan de las dificultades y roces por los que pasó su unión, a la vez que se reafirman, cada uno por su parte, en el amor que les une. En el atardecer de Itacaré y, concretamente, en el porche del Itacaré Eco Village, el exclusivo hotel en el que se alojaron, conversamos con Blanca y Cayetano tras unas intensas jornadas, en las que recorrieron las maravillosas playas del condominio de Sao José y visitaron el fascinante paraje del torrente de Tijuipe. Y es la modelo quien nos habla, en primer lugar, del momento que están viviendo.

’No hay ningún tipo de tensión’
—He dicho que tengo fe en Cayetano. La vida es muy corta y no puedes andar agobiando a nadie, y menos a tu marido. Además, he llegado a la conclusión de que estar presionando es peor o, por lo menos, es lo menos aconsejable en una situación así. Por eso, lo que he decidido a partir de ahora es ser feliz. Si torea, torea; si no torea, es lo mismo. Si hace otra cosa o no la hace, es su problema. Cada uno tiene su forma de plantearse la vida.
—¿Cómo surge la crisis entre vosotros?
—Hubo un momento en que al no verle futuro la productora que Cayetano estaba montando en Gijón y, encima, al comprobar que era un gasto bastante grande y no había beneficios, yo empecé a sentirme culpable de que él no tuviese trabajo precisamente por el hecho de vivir en Gijón, ya que, en realidad, él renunció a todo para estar conmigo. Entonces, yo decido seguir luchando y me compré un piso en Madrid para instalarnos allí los tres en él. Metí a nuestra hija, Lucía, en un colegio nuevo. Por otra parte, la idea de vivir en Madrid era también buena para mi trabajo, y era asimismo una idea que ya teníamos antes los dos. Quiero insistir otra vez en el hecho de que Cayetano se sacrificó por mí y se fue a vivir a Gijón. Justo era, por tanto, que yo me trasladara después a Madrid, donde él puede tener más campo para lo suyo.
—Y una vez en Madrid...
—Una vez en Madrid...pues se me acabó toda la fuerza. Empecé a pensar que acaso yo estaba dando mucho a cambio de nada. En una palabra: perdí la fuerza para empujarle a él, porque resultó que, de pronto, se marchó para Andalucía y me quedé sola en Madrid con nuestra hija, Lucía. Fue entonces cuando —lo digo como lo siento o, mejor, como lo sentí en aquel momento — tuve la sensación de que sólo pensaba en él y que me preocupaba demasiado por los dos. Fue ahí donde estuve a punto de tirar la toalla. Y me dije: «¡Qué más puedo hacer yo !No puedo hacer nada más ».Y empecé a pensar que ya no era culpa mía, sino que era simplemente...su problema. Por esa época empecé a separar del día a día las emociones y comencé a ver la situación desde fuera y a darme cuenta de que ya no podía aportar más de lo que había aportado.

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