Isabel Pantoja ha escrito un libro con sus recetas de cocina preferidas

Quiero aprovechar la oportunidad para reivindicar desde aquí a todas esas artistas anónimas que cada día ponen gloria bendita en las mesas de sus hogares, muchas veces sin que nadie se lo reconozca ni agradezca. Porque todos estamos de acuerdo en que la cocina es un arte, como he dicho. Mi madre, como tantas madres, como tantas amas de casa, fue siempre y sigue siendo una artista de los fogones. De ella aprendí casi todo lo que sé. A ella le debo muchos de los mejores sabores y olores de mi infancia. Mi infancia... en mi Sevilla, en mi Triana, en mi Tardón del alma, con su olor a azahar y su sabor a Milhojas, mi locura y mi pasión de niña.»

Aquel era el reino de mi madre'
«Qué maravilla cuando volvía hambrienta del colegio y desde la calle me recibía mi casa con aquel olor a puchero hirviendo, con su matita de hierbabuena, que perfumaba el bloque entero; con aquel olor que resucitaba a los muertos y que, como al poeta, me hacía amar la vida de pronto».

«En aquellos años, todo sabía de otra manera —prosigue Isabel—, quizá porque estábamos más escasos y todo nos hacía más ilusión: cien gramos de jamón, un filete, los boquerones plateados con su olor a mar, las acedías... Cómo lo disfrutábamos todo... ».

'No puedo ver un frigorífico vacio'
«Recuerdo la cocina de mi casa, muy chiquitita, pero bien surtida. Aquél era el reino de mi madre, y yo la observaba trajinar e iba aprendiendo en los ratos que me dejaban libre el colegio y los juegos con los amigos de mi calle». «De niña era muy delgada y caprichosa. Al contrario que ahora, no me gustaba el cuchareo. Hoy me vuelve loca, y por eso en mi casa no falta diariamente un plato de comida de cuchara. Por fortuna, a mis hijos les encanta porque son unos niños que comen divinamente de todo. Para mí la comida es importantísima. No puedo ver un frigorífico vacío, es superior a mí. En lo que más dinero me gasto seguramente es en comer, pero lo doy por bien empleado».

«Una comida de la que no me canso es la sopa, calentita en invierno y fresca, como el gazpacho, en verano, aunque el gazpacho en mi casa se toma todo el año, como una reconfortante bebida.»

«Mi comida favorita, como la de mi padre, es el puchero. Cómo disfrutaba el pobre, después de comerse su buen plato de garbanzos con arroz, preparando ceremoniosamente la "pringá". Era un ritual para él y para todos nosotros, que lo observábamos».

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