Jesulín de Ubrique y María José Campanario, luna de miel en las paradisíacas Islas Maldivas

—¿Tienes claro que Jesús es el hombre de tu vida?
—Clarísimo. Es el hombre de mi vida. Lo he dicho muchas veces. Yo espero celebrar las bodas... no sólo de plata, sino también las de oro. Por ejemplo, volviendo a este maravilloso lugar, a las Maldivas.
—¿Jesús es fácil de llevar o tiene, como dicen por Andalucía, su guasa?
—Es fácil, muy fácil. Mi marido no es una persona complicada, la verdad. Y es un hombre que intenta hacerme la vida lo más agradable posible en todo momento.
—¿Se conforma lo mismo con poco que con mucho en lo que respecta a las comodidades, al lujo?
—Sí. Y creo que esa es la esencia de su personalidad, de su forma de ser. Jesús, teniéndolo todo, se conforma con casi nada. Y es esa una de las cosas que más valoro en él.
—¿Tú también te conformas con poco?
—Sí. A mi marido siempre le digo lo mismo: «Contigo, aunque sea debajo de un puente». Lo tengo muy claro.
—María José, ¿cómo es tu carácter? ¿Eres de prontos, eres impaciente, nerviosa, tranquila...? Dinos cómo eres.
—Soy muy paciente. Ya he demostrado muchas veces que tengo mucha paciencia. Pero, a la vez, tengo un carácter muy fuerte. Por eso, cuando algo no me parece justo, no consigo mantenerme callada. Y es que en el fondo considero que las cosas hay que decirlas en su momento. Cuando tengo algo muy claro no soy de las personas que lo meditan mucho antes de decirlo.
—Quieres decir que cuando tienes algo dentro, eres incapaz de tragártelo.
—Efectivamente. Soy una persona muy directa, y por otra parte, siempre he dicho que el tiempo pone a cada uno en su sitio y cada cosa en su lugar. Y sé, además, que un día conseguiré poner en su sitio cada una de las cosas.
—¿Cuáles son tus ambiciones? Y no nos referimos a «Ambiciones», con mayúscula, asunto del que hablaremos después, si te apetece.
—No soy ambiciosa en lo que pueda referirse a dinero y felicidad, porque creo que en la vida ya he conseguido todo lo que necesitaba: el amor de mi marido, una hija preciosa y la salud de toda mi familia. En este sentido no soy ambiciosa. Pero sí que me gusta marcarme metas.
—¿Y qué meta tienes, por ejemplo, ahora?
—Pues... tener uno o dos hijos más, y seguir siendo tan feliz como hasta ahora.
—Pero, ¿hijos ya mismo o pasado un tiempo?
—Cuando Dios quiera.
—¿No estarás embarazada ahora?
—No, no lo estoy. Pero tampoco me importaría..., aunque primero me gustaría criar un poco más a Julia.
—Por cierto, ¿cómo está vuestra hija?
—Muy bien. Está preciosa y muy sana, que es lo más importante. Y tengo que decir que estos días la estoy echando mucho de menos. Es la primera vez que me separo de ella y espero que no haya muchas veces más.
—Cambiemos de tercio si te parece, María José: cuando aparecen por ahí (normalmente en ciertos programas de televisión) chicas que afirman que hace algunos años tuvieron una relación con tu marido y dan detalles de esto y de lo otro, ¿a ti, aunque sean historias de una época en la que tú no había llegado aún a la vida de Jesús, tu marido, cómo te sientan?
—Aunque siempre he dicho que agua pasada no mueve molino, no son cosas precisamente agradables, y en consecuencia, me afectan, a qué negarlo. Tengo que decir, a la vez, que tampoco sigo ciertos programas porque he llegado a la conclusión de que es más bonito, y sobre todo, más útil ponerse a leer un libro.
—Pero, si en alguna ocasión ves (y si no la ves no faltará quien te la cuente) alguna historia de esas. ¿No le preguntas a Jesús cuando llega a casa qué hay de cierto? Por lo menos alguna vez le habrás dicho «ya me contarás», ¿no?
—Pues no. Ni siquiera merece la pena hablar de esos temas. Sería darles importancia por mi parte, aunque repito que me molestan. Me molestan, sobre todo, porque forman parte de una especie de linchamiento mediático que ni Jesús ni yo nos merecemos, ya que no hemos tratado nunca mal a nadie. Entonces no entiendo por qué tanta insistencia, tanto intentar destruir. Pero volviendo a la pregunta concreta, te diré que jamás hablaría con mi marido de esos temas, ni le preguntaría nada en relación a este asunto.

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