El 18 de octubre de 2003 marca un antes y un después en la biografía de María Chavarri Figueroa, el comienzo de una nueva vida con muchos proyectos, sueños e ilusiones. Javier Fitz-James Stuart Soto y María Chávarri Figueroa contrajeron matrimonio en la finca familiar de «El Guadalperal», propiedad del duque de Peñaranda, tío del novio.

María estaba radiante. La modista Belén Molinero supo dar en el clavo con el diseño que la novia tenía en la mente desde que el pasado mes de agosto su entonces prometido y ahora marido le pidió que se casara con ella. El traje, confeccionado en muselina drapeada y raso en seda natural, de color blanco óptico, tenía cierta inspiración en los años veinte, adaptado a los tiempos modernos y con el objetivo de que éste fuera fluido para el entorno en el que iba a ser lucido: el campo.

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