María estaba radiante. La modista Belén Molinero supo dar en el clavo con el diseño que la novia tenía en la mente desde que el pasado mes de agosto su entonces prometido y ahora marido le pidió que se casara con ella. El traje, confeccionado en muselina drapeada y raso en seda natural, de color blanco óptico, tenía cierta inspiración en los años veinte, adaptado a los tiempos modernos y con el objetivo de que éste fuera fluido para el entorno en el que iba a ser lucido: el campo. Por ello se añadieron unos pañuelos en gasa del mismo tono que favorecían los movimientos al aire libre, cambiando la silueta en cada paso.

Lanzó el ramo a sus amigas solteras
Por su parte, el tocado, símbolo de la pureza de la novia, era una «toilette » en tul de mota, y semicubría el rostro de la novia, que iba ligeramente maquillado. Este iba, a su vez, unido al velo en tul que caía por la espalda. El traje iba rematado, tanto delante como por detrás, con dos impresionantes broches que en su día pertenecieron a la Emperatriz de los franceses, la española Eugenia de Montijo,antepasada de Javier. Su madre, la madrina, doña Mencía Fitz-James Stuart,que estaba guapísima, engalanada con un espectacular traje largo en seda y tocado floral gris perla, fue la encargada de elegir tales alhajas para un día tan señalado. El paisajista Antonio Silvosa, por su parte, fue el encargado de realizar el ramo de la novia: un compendio de frutos y ramas inspirados en los colores de Gredos, especial para la ocasión. Estaba compuesto por lucodendrums, amphelosisi de varios tipos, panicum, frutos de ipericum, haya vergelia y otros tipos de hayas. El pesado buqué, de tonos ocres y rojos, contrastaba con el blanco inmaculado del vestido nupcial, y concluido el Sacramento, fue arrojado por la novia hacia atrás con el objetivo de que alguna de sus amigas solteras tuviera la suerte de agarrarlo, como así fue.

Asimismo, tal y como manda la tradición, María llevaba cosido bajo el vestido un lacito azul, que representa la fidelidad de los contrayentes, así como es de buena suerte usar algo prestado, dado que eso significa la felicidad por préstamo; algo viejo, que conlleva la continuidad, y algo nuevo, debido al optimismo por el futuro. Costumbres que se suceden a lo largo de una ceremonia tan especial como es el matrimonio, y que tiene en las alianzas —costumbre que viene porque en la antigua Grecia se creía que la vena de este dedo se comunicaba directamente con el corazón — uno de sus más ancestrales símbolos.

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